viernes, 22 de agosto de 2008



“El péndulo marca el tiempo y el destino traza un caminoPor mucho que intentemos cambiar el destinoJamás podremos parar el péndulo”

Hace tres años, en el vuelo de regreso desde Gran Canaria, el avión de Spanair en el que habíamos embarcado tardaba en despegar. Por megafonía nos comunicaban que en pocos minutos despegaríamos, pero nosotros que íbamos sobre el ala, podíamos ver por la ventanilla como un técnico examinaba los alerones y se rascaba la cabeza. Bajaba por la escalera y al cabo de unos minutos, volvía a aparecer con cara de preocupación. Mientras tanto, varios coches de mecánicos iban y venían con prisas. La maniobra duró casi una hora, al final, con un aerosol y un paño, frotó reiteradamente la zona y retiraron la escalera. La azafata nos anuncio que en unos instantes iniciaríamos la maniobra de despegue…..No me gusta opinar en caliente, el dolor y la rabia nos hacen ser parciales y a veces injustos.Durante estas horas he consultado decenas de artículos, he contrastado opiniones, he leído comunicados, y he llegado a la conclusión de que la tragedia era evitable. Cuando un piloto hace retroceder la aeronave al finger de salida “Por un calentamiento excesivo de una tovera” me parece una temeridad hacer una reparación de emergencia y ordenar que el aparato continúe el viaje. Soy consciente de las presiones a las que debe estar sometido el equipo técnico cuando un aparato con ciento cincuenta pasajeros y todo el equipaje debe ser evacuado y supongo que habrá un protocolo de riesgos asumibles. Ignoro si la autorización para el despegue, en casos de avería, depende de una sola persona o es una decisión colegiada pero sea como fuere, no me gustaría estar en le piel de la persona que firmó la orden.Y no le culpo a él o a ellos de la tragedia, de alguna manera todos somos responsables por nuestras prisas y nuestras impaciencias. Lo que es inasumible es que a los pasajeros se nos trate como a terroristas en potencia sometiéndonos a restricciones y chequeos que rozan el ridículo y la humillación, y que luego se permitan asumir riesgos como el de Barajas, y otros muchos que deben de tomarse a diario. Durante la maniobra de despegue en Gran Canaria, me pregunté si fue una decisión arriesgada. La respuesta ha tardado tres años en llegar pero ha sido contundente.

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