domingo, 24 de abril de 2011

LAMENTO DE GUITARRA



Él era un virtuoso concertista, desde muy joven dominaba como nadie el arte de las seis cuerdas. Un día, paseando por el casco antiguo, una guitarra le llamó la atención, fue un amor a primera vista, cuando la tuvo entre sus manos supo que estaba hecha para él.
Durante decenios admiraron al mundo con sus conciertos, ellos dos solos en el escenario, llenaban el espacio sonoro como una orquesta sinfónica. Nunca interpretaban el mismo repertorio, durante dias se aislaban del mundo y ensayaban nuevas partituras, acordes increíbles y variaciones maestras que admiraban al auditorio, ambos recorrían el mundo como una pareja inseparable.
Un atardecer se sorprendió admirando un escaparate, una flamante guitarra le deslumbró. Allí estaba como esperándole, su diseño atrevido, sus texturas sugerentes y sus formas rompedoras le quitaron el sueño, al día siguiente, esperó impaciente la apertura de la tienda para hacerse con ella.
Cuando acarició sus cuerdas, unos sonidos increíbles brotaron de su alma, porque aquella guitarra tenia alma, la apretó contra su pecho y una sensación desconocida se apoderó de él, algo en su interior le dijo que nada volveria a ser como antes.
Durante semanas se encerraron en su estudio, se olvidó de su vieja guitarra y del mundo exterior. Sus dedos arrancaban de las cuerdas notas de fuego, las viejas partituras cobraban nueva vida y lo que antes había sido armonía, se convirtió en un marasmo de sonidos que le absorbían el seso, casi no dormía y solamente salía para tomar unos bocadillos y regresar de nuevo con su amada.
Pasado unos meses, se decidió a presentarla en sociedad, el auditorio estaba lleno a rebosar y  las entradas se habían agotado a la pocas horas, tal era la expectación que había desatado, subió al escenario y un silencio religioso se adueñó del liceo.
 Cuando sus manos acariciaron el vientre de madera, las cuerdas tomaron vida propia, extraños arpegios surgían de sus dedos y los acordes disonantes inundaron la sala, el silencio se transformo primero en sorpresa y después en indignación, el público abandonó la platea y el telón de desplomó sobre el artista, la guitarra seguía distorsionando sonidos eléctricos que parecían reírse del maestro, presa de pánico la arrojó a patio de músicos y corrió en busca de su vieja guitarra. Allí estaba guardada en su funda, como esperando que volviera a buscarla.
La tomó en su regazo y acarició sus amadas cuerdas pero el sonido desafinaba. Intentó durante horas encontrar la armonía perdida, rogó, lloró e imploró, pero cuanto más lo intentaba más frio era el latido que le arrancaba, sus dedos habían perdido el tacto sublime envenenados por las cuerdas metálicas de la guitarra nueva y tras horas de intentos desesperados presa de la ira, la golpeó contra el suelo destrozando su caja.
En ese momento, un acorde sublime brotó de la guitarra herida de muerte y se clavó en el corazón del músico, un lamento sonoro en el que concentraba todo su amor y todo su dolor. Enloquecido salió gritando hacia el balcón y saltando la barandilla de forja, se estrello contra el asfalto. De su cabeza brotaron notas carmesí que se escurrieron por el pentagrama hasta sumirse en la alcantarilla más próxima mientras el viento ululaba el réquiem de Mozart.

JUANMAROMO

sábado, 23 de abril de 2011

LAS MOLÉCULAS DEL ALMA



Nos gusta pensar que somos dueños de nuestro destino. Al fin y al cabo, la habilidad de tomar decisiones conscientemente y de darnos cuenta de las implicaciones que tendrá cada elección nuestra es un componente vital de lo que nos separa del resto de seres vivos de este planeta: el don (y la maldición) de ser racionales. Por eso en su momento nos inventamos el alma. Porque asignar las cualidades únicas que definen nuestra especie a un concepto intangible legitima nuestra posición en el vértice de la pirámide evolutiva. Justo un escalón por encima de las otras criaturas, que ni siquiera se dan cuenta de que son esclavas del mundo físico.

Hemos pasado milenios satisfechos con las explicaciones que sacábamos de esta ruptura autoimpuesta entre cuerpo y mente. Pero a nuestra inteligencia le gusta complicarnos la vida. Desde que, a finales del siglo XIX, Ramón y Cajal dio el pistoletazo de salida a la neurociencia moderna, hemos aprendido más sobre el cerebro de lo que a muchos les gustaría. Hemos aprendido que los pensamientos tienen un origen tan físico como un dolor de muelas. Y ahora, en plena era posgenómica, la tentación es caer justo en el extremo contrario, en el determinismo genético que transfiere todas las características que nos hacen humanos al simple acto de unas neuronas liberando cócteles de neurotransmisores en la proporción adecuada.
Cuanto más avanzamos, mayor peligro hay de caer en este reduccionismo. Por ejemplo, a principios de abril, el equipo del doctor Ryota Kanai publicaba un análisis de 90 cerebros, hecho con técnicas de resonancia magnética. Habían asociado los datos anatómicos a las tendencias políticas de los sujetos de estudio y habían descubierto que, en un 75% de los casos, el cerebro de alguien de derechas se puede distinguir del de uno de izquierdas solo por su morfología. ¿Somos conservadores o liberales porque ya nacemos así?
La semana pasada se lanzó el primer atlas moderno del cerebro humano, abierto gratuitamente a todo el mundo. Allí podremos empezar a buscar respuestas. Reúne información sobre los genes activos e inactivos en cada zona del cerebro. Lo ha financiado Paul Allen, cofundador de Microsoft, con 55 millones de dólares de su propio bolsillo. Será una herramienta de incalculable valor para los investigadores, pero también dará alas a quienes promulgan que somos esclavos de las cartas que nuestro genoma nos reparte. Pese al intento de algunos abogados, hasta la fecha ningún juez ha admitido un argumento así como eximente de un crimen con violencia.
Desde que abrimos la caja oscura que era nuestro cráneo, no hemos parado de encontrar sorpresas. La primera, que no hay lugar para una alma, por muy incorporea que sea. Pero quizá la más turbadora es que con ciertas sustancias químicas basta para definirnos como personas, dependiendo de la cantidad que tengamos en un momento dado en el cerebro. Una vulgar píldora puede hacer que, hasta cierto punto, dejemos de ser depresivos, hiperactivos, tristes, agresivos, dispersos, obsesivos y otras muchas cosas que antes creíamos que eran parte irrenunciable de nuestro bagaje. Vivir mejor gracias a la química, como suele decirse. O la prueba definitiva de la correspondencia física que tienen los rasgos esenciales de nuestra personalidad.
¿Dónde queda entonces el libre albedrío? La ciencia no lo niega ni podrá hacerlo nunca. Haber descubierto las bases biológicas del comportamiento no nos libra de la responsabilidad de decidir. Solo nos explica de dónde partimos y cuáles son los mares por donde navegamos. Los puertos que elegimos visitar son cosa nuestra y de nuestra voluntad para luchar contra las mareas que nos encontraremos, más o menos fuertes según el caso de cada individuo. Todo lo que la medicina puede hacer es facilitarnos el viaje.
No sé si llegaremos nunca a entender del todo qué significa estar vivos y ser capaces de pensar. Uno de los problemas es que cuando la ciencia empieza a andar por el territorio que antes pertenecía exclusivamente a la filosofía, sus pasos nos parecen menos seguros. Nos cuesta asumir las respuestas que nos da porque llevamos una eternidad buscándolas en otros lugares. Además, no estamos acostumbrados al lenguaje molecular que usa. Quizá lo que ocurre es sencillamente que la materia de estudio, el cerebro, es a la vez la herramienta que necesitamos para llevar a cabo el análisis, y esto nos impide valorar los datos con la abstracción necesaria. Pero estas dificultades no evitarán que sigamos invirtiendo tantos esfuerzos como sea necesario. Es una pregunta demasiado importante para dejarla sin respuesta. Además, una de las cosas que nos hace humanos es precisamente ser sorprendentemente tercos. Aprovecho que es Sant Jordi para recomendar el nuevo libro del neurobiólogo David Bueno (El enigma de la libertad, XVI Premio Europeo de Divulgación Científica) a todos a quienes les interese profundizar en estos temas.

 Salvador Macip.

jueves, 21 de abril de 2011

TODA ELECCIÓN LLEVA IMPLÍCITA UNA RENUNCIA


En la vida estamos tomando decisiones continuamente, algunas banales, otras cruciales pero toda elección lleva consigo una renuncia. Cuando elegimos estudiar una carrera, renunciamos a lustros de diversión y de ocio, cuando decidimos formar una familia, renunciamos a una parte de nuestra libertad personal y cuando escogemos un camino no podemos proseguir por otro.  Hay quien opina que el dinero te permite ampliar infinitamente la capacidad de elección, pero hay un factor que condiciona mucho más que el dinero, y es el tiempo.
Si viviéramos eternamente, podríamos planificar nuestros viajes sine die, conocer el mundo palmo a palmo e incluso comenzar nuevas formas de vida, pero la levedad de nuestra existencia nos obliga a meditar cuidadosamente nuestros proyectos y a aprovechar cada segundo de nuestro tiempo como si fuera el último.
Hay elecciones que son reversibles, podemos cambiar de automóvil incluso de residencia en función del factor económico, pero hay otras que imprimen carácter y que una vez asumidas son imposibles de desandar.
A veces con el paso del tiempo, echamos de menos aquello a lo que renunciamos por adoptar una forma de vida, unos añoran la libertad perdida, y otros la familia que ya no podrán tener , lo que antes llamábamos  libertad se ha transformado en una mazmorra fría.
Cuando tomamos una decisión trascendente, debemos sopesar los pros y los contras fría y concienzudamente, de lo contrario la frustración acabará haciendo mella en nuestra vida y todo aquello que nos pareció maravilloso acabará enmoheciendo como pura rutina, pero el miedo al fracaso jamás debe impedir la elección de un camino, de lo contrario nos sorprenderá la noche, y entonces será demasiado tarde.

martes, 19 de abril de 2011

MARTES DE LIBROS


 
 
Emma Riverola Escritora
  Cuando la asistencia social le envió a aquella marroquí, protestó. No en voz alta, pero durante los primeros días le regaló todo el malhumor acumulado. Ella le advirtió de que los días festivos no podía atenderle, tenía que cuidar de su hijo. Él ni le respondió. Mejor, pensó, así me pondrán a otra. Pero un día ella le preparó una sopa que le recordaba a la de su madre y, entre cucharadas, la dureza se fue derritiendo. Empezó a hablarle. Y ella le escuchó. Con el tiempo, él también quiso escucharla y se acostumbró a tener a alguien con quien conversar. Se acercaban las vacaciones de Semana Santa y él no quería pasar una semana sin ella. Puedes venir con tu hijo, le dijo al fin.
Cuando lo vio, se arrepintió. El crío era más pequeño de lo que pensaba. Temió que empezara a correr o a chillar por toda la casa. Pero el niño no decía nada. Tan solo le seguía a todos lados y no dejaba de observarle. Sus ojos parecían dos bocas con hambre. Tiene cara de espabilado, pensó. Pero no sabía qué decirle ni cómo hablarle. Así que se acercó a la librería y eligió el libro preferido de su infancia. Se sentó en su butaca y empezó a leer La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne. Al instante, el pequeño se sentó en el suelo a escucharle. El viernes cayó la última línea. El anciano miró al niño de ojos insaciables, cerró el libro y se lo regaló. Mañana es Sant Jordi, le dijo. Y el crío sonrió con avidez.

lunes, 18 de abril de 2011

LA ARBIREARIEDAD COMO NORMA

 
 
Joan Barril Periodista 
  En la historia de los pueblos solo hay algo tan grave como la falta de libertad. Se trata de la perplejidad. Y hoy no hay día en el que no encontremos una especial cadencia de hechos incomprensibles que nos afectan directamente y nos dejan sumidos en la falta de futuro. El hecho de no entender es sinónimo de no poder avanzar.

Hace algunos años que ya hemos dejado de entender la economía, esa actividad humana que mantiene el beneficio de unos pocos a cambio de la desgracia de muchos. También hace unos meses que he dejado de entender a los directivos del Barça, que de adornar las camisetas del equipo con las siglas de una causa noble, Unicef, han decidido vender su imagen a la Catar Foundation, un conglomerado de actividades dinerarias e ideológicas sobre las que se sustentan algunas de las actitudes más discriminatorias respecto a las mujeres de la religión que practican.
Por supuesto tampoco acabo de entender que la oferta educativa de un país que se reclama del futuro ponga en el mismo saco el ahorro de sus administraciones junto a la consagración de la falta de oportunidades de sus ciudadanos. De la misma manera me es absolutamente paradójico que en tiempos de comunicación global, cuando nos es tan fácil ver el tiempo de celo del oso polar haya gobernantes que se resisten a que una señal televisiva vecina llegue a los hogares de una parte importante de sus telespectadores. De la misma manera que lleva a la sinrazón la alharaca sobre el desempleo creciente y la publicidad sobre viajes trasatlánticos o sobre la oferta de coches de gama alta.
Hasta ahora tampoco entendía de fútbol, pero en los últimos años empezaba a hacer progresos. Hasta que el sábado pasado la acción arbitral me hizo dar de bruces con la realidad inapelable de los jueces. Lo mismo que me sucede cuando dejo de entender la animadversión que ciertos miembros de la judicatura practican respecto deBaltasar Garzón. La vida debe ser una lotería y ahora entiendo que, comprando los números de la razón, jamás ganaremos nada.

"Es más rentable invertir en párvulos que en bolsa"

James Heckman, premio Nobel de Economía del 2000

Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet



En la década de los 60 conocí de cerca el Jim Crow, las leyes de segregación del sur en escuelas, restaurantes, lugares y transportes públicos.

Leyes que se abolieron.
  Yo quería entender los procesos políticos y económicos que pueden permitir que grupos que están excluidos puedan pasar a formar parte del colectivo.

Y entendió que la exclusión comienza en la más tierna infancia.
Comencé estudiando programas para capacitación laboral para personas que ya estaban desaventajadas, y todos los estudios demostraban que el rendimiento de esos programas era nulo o muy bajo. La conclusión fue que sólo se debía invertir en los más listos dentro de ese grupo desaventajado.

Terrible conclusión.
También descubrí que invertir en los niños es más ventajoso que invertir en bolsa.

Eso es más esperanzador.
La familia juega un papel esencial en la integración de los individuos dentro de la sociedad. Y la estructura familiar en todo el mundo están hoy amenazada.

¿Es una realidad o una percepción?
Es una realidad, la cuestión es qué se puede hacer para salvar los factores positivos de esa institución que se está desintegrando.

¿Y?
Debemos entender cómo se crean las capacidades y habilidades del ser humano que van más allá del coeficiente intelectual y de la educación escolar.

¿A qué se refiere?
  A la formación del carácter, habilidades determinadas en parte por la genética, pero sobre todo por la motivación familiar. El origen de muchas de las desventajas de las personas que no consiguen integrarse proviene de factores que ocurren mucho antes de que los niños vayan a la escuela.

Cuénteme.
 Es un hecho que en todos los países y en todos los niveles de riqueza la estructura familiar está evolucionando en una dirección que promueve la desigualdad, así que cualquier política que pretenda reducirla tiene que tener en cuenta el papel que juega la familia en la creación de habilidades.

Entendido.
La mayor parte de las políticas sociales y económicas dan por supuesto que la familia funciona bien, pero una fracción creciente de los niños en los países que he estudiado (Colombia, EE.UU., China, Corea, Japón, Taiwán, Canadá, Reino Unido…) crecen en entornos poco estimulantes, lo que creará desigualdad no sólo en esta generación sino en las generaciones futuras.

¿Qué significa eso?
Que la pobreza no sólo la determina la renta familiar sino la atención prestada al niño por parte de los padres, los abuelos y la comunidad. Paradójicamente, las mujeres de mayor nivel educativo y que trabajan pasan más tiempo con sus hijos que las menos educadas trabajen o no. Las diferencias que crea esa atención ya en las primeras etapas de la vida tiene consecuencias a largo plazo.

El 50% de los matrimonios estadounidenses se divorcian, ¿cómo afecta eso?
En EE.UU. viven sin padre un 30%, en México el 55%. Entre el 12 y 13% de niños y jóvenes estadounidenses entre 0 y 18 años jamás ha conocido un padre. Y si miramos las estadísticas de los niños negros la cifra es de un 80%. Hay que reconocer estos hechos y cambiar la vida de los niños.

Deme soluciones.
Hay que suplementar los recursos de la familia mediante políticas que permitan el desarrollo de esas habilidades básicas en los primeros años de la vida de los niños.

¿De qué habilidades se trata?
He estudiado los programas orientados a aumentar las capacidades de los niños y los más efectivos son los que promueven el autocontrol, la capacidad de regular emociones, la orientación a un propósito, la no dispersión y la sociabilidad. El estudio que más datos me ha aportado es uno que ha durado 50 años.

¿En qué ha consistido?
  Se creó un grupo de niños, de 3 a 5 años, de entornos desfavorecidos y se les enseñaron habilidades sociales durante dos años.

¿Y siguió su evolución en 50 años?
Sí. Entre la gente que participó ha habido menor tasa de delincuencia en poblaciones donde es muy elevada, mayores ingresos y mayor adaptabilidad social. Pero mi interés como economista era evaluar el rendimiento económico de ese tipo de inversión, así que le responderé con números.

Bien.
Por cada dólar invertido por niño el rendimiento fue entre el 7 y el 10% anual a lo largo de vida. Es decir, que un dólar invertido en ciudadanos menores de 4 años es un 10% más rentable que invertido en adultos.

Sorprendente.
Las inversiones hechas en edades tempranas no sólo son más efectivas, se refuerzan a través de un proceso dinámico: el niño que ha empezado con estas ventajas sigue adquiriendo mayores ventajas. Remediar las desigualdades en la adolescencia resulta mucho más caro y con mayor porcentaje de fracaso.

...Pero estamos en época de crisis.
Por eso hay que establecer mejor las prioridades: invertir en estas habilidades básicas preescolares es más rentable que otras medidas más convencionales como reducir el número de niños por aula.

viernes, 15 de abril de 2011

LOS NUEVOS GENOCIDIOS


 Se habla mucho del genocidio nazi, de Gaza o del pueblo Kurdo, pero hay otros genocidios solapados, que producen muchas más víctimas. La descolonización política del África, dejó paso al colonialismo económico, se crearon países ficticios formados por tribus irreconciliables con el fin de controlar los recursos naturales y asegurarse un mercado cautivo de armas, para ello nada mejor que cambiar petróleo o diamantes por minas, misiles o carros de combate, fomentar el odio entre los pueblos  y dejar que se mataran entre ellos, aunque muchos de la víctimas y verdugos fueran niños. 

La deforestación de la Amazonia ha supuesto la desaparición de etnias  , destrucción de cientos de poblados y el exterminio de miles de indígenas sin que los organismos internacionales hayan hecho nada por evitarlo.

Pero que nadie se piense que los genocidios solo se perpetran con armas y campos de exterminio, desde hace unos años el capitalismo salvaje está aniquilando a millones de personas en todo el mundo alterando los precios de materias primas y  alimentos esenciales en función de sus intereses y condenando al hambre y la enfermedad a media humanidad, pero no contentos con el botín, hace tres años comenzaron la destrucción de la democracia.
Se planificó cuidadosamente el boom inmobiliario y financiero, y se generaron fortunas incalculables que se ocultaron en paraísos fiscales, pero el enriquecimiento de la plutocracia no era su objetivo, el objetivo final era la destrucción del estado del bienestar.
A base de chantajes por parte del FMI, el BCE y los gestores de fondos, se obligó a los gobiernos a ceder derechos conquistados con sangre sudor y lágrimas, se presionó a los sindicatos para aceptar rebajas laborales impensables hace unos años y se fomentó la corrupción generalizada entre la clase política. Los frutos están a la vista, países en bancarrota, sindicatos desprestigiados y la democracia en la cuerda floja, el huevo de la serpiente está maduro y puede eclosionar en cualquier momento.
Con un índice de paro insostenible, con una inflación al alza y cientos de miles de familias desahuciadas, el caldo de cultivo está preparado, solo falta el Hitler de turno  para dar la puntilla a la economía social de mercado, pero esta vez no será una persona, ni siquiera un partido, será un nuevo sistema económico que barrerá con todo lo conseguido hasta ahora y nos llevará a la tétrica sociedad anunciada por Orwell en 1.984.

Esto es la peor forma de genocidio, porque no sola acaba con pueblos enteros, sino que pretende exterminar a toda una civilización. Propongo procesar a los responsables , a los dirigentes de las agencias de evaluación y  grandes inmobiliarias sometíendoles a un  proceso por genocidio al estilo de Núremberg, expropiarles todos los bienes y acabar con los paraísos fiscales, solo de esta manera podremos frenar este proceso que nos lleva al gobierno de las sombras.
Quizás una huelga general indefinida a nivel planetario, una retirada global de los depósitos de la banca y un apagón generalizado sería un buen principio, porque con un ejército de mercenarios dispuestos a  todo, y una población anestesiada por el consumismo, la revolución callejera parece inviable en Europa. 
La cuenta atrás ha comenzado y dentro de poco las sirenas nos llamarán a los refugios, el tiempo se acaba, o ahora, o nunca.

JUANMAROMO

"Lo que doy me lo doy, y lo que no doy me lo quito"

Alejandro Jodorowsky, artista polivalente, psicomago, tarotista, cineasta, escritor





¿Algún comienzo?
Sí, el de aceptar morir feliz, esa es la finalidad de la vida.

¿Qué se lleva?
 He aprendido que la vida es un sueño absolutamente particular, es decir: sales de ti mismo y te buscas hasta llegar a ti mismo.

¿Y durante ese paseo?
He aprendido que tengo dentro de mi cráneo tantas neuronas como estrellas hay en el cielo, y aunque yo crea que no las uso están funcionando todo el tiempo: día y noche. Y que no somos un árbol, somos el bosque: el individuo separado es una ilusión.

¿Y por qué estamos en esa ilusión?
Todo el futuro está en nuestro cerebro, pero a causa de la sociedad, la cultura y la familia entramos en una cárcel psicológica que nos crea una falsa individualidad.

…Un nombre, una nacionalidad.
Sí, una definición. Así ha funcionando la humanidad pero poco a poco la conciencia va ganando terreno. ¿Y qué es la conciencia?


Lo que llamamos inconsciente, todo ese poder en potencia que hay en nuestro interior. Nos debatimos, como una mariposa se debate en su capullo para abrir las alas y ser libre. Pero, ¿qué es ser libre?


Es aceptar y admirar los valores del otro que son mis propios valores. ¿Y cómo los despertamos, a través de qué?

...
 Del arte, capaz de sanar a la sociedad. En mi blog, Plano Creativo, he citado a todas las mujeres para que el 7 de mayo vayan al Vaticano vestidas de papisa.

¿Psicomagia social?
Sí, liberadora, para que la Iglesia comprenda que la mujer está muy aplastada por las tradiciones y que Dios es también mujer.
En Buenos Aires hizo un cementerio metafórico para los desaparecidos.
Sí, en el mismo lugar en que fueron torturados pusimos lápidas y fotos. No fue un acto po-lítico sino po-ético.

¿En qué se ha equivocado?
En llamarme Alejandro Jodorowsky. Tengo nombre, cuando alguien dice “Alejandro”, giro la cabeza como un perro. El error es vivirse como un individuo separado. El arte sagrado es anónimo, nadie sabe quién hizo la catedral de Notre Dame. El arte sagrado se recibe, y cuando tú llegas a recibir el verdadero ser que tú eres y lo reconoces, cesa el error.

Recibir es un don, algo que te entregan.
No. Hay que trabajar para ser capaz de recibir y de dar lo que se recibe, porque se puede caer en el error de acumular en un nombre, en premios, en todas esas cosas asquerosas que son los reconocimientos públicos.

No sea tan extremo.
Yo saldría a la calle con una canasta llena de medallas y se la pondría a todo el mundo: cada individuo es genial, un artista.

Cada miércoles desde hace 30 años lee gratis el tarot en un café de París, ¿qué nos pasa?
Los gurús dementes dicen que hay que matar al ego, y son los que más ego tienen. El ego es una parte esencial nuestra, no hay que destruirlo, hay que domarlo.

Intentémoslo.
Imagine un ciego y un perro. El perro es el ego que conduce al ser esencial y está angustiado porque hace una tarea que no le corresponde. Pero si tú conduces a tu perro, tienes un perro feliz, un ego feliz.

Entiendo.
Yo he aprendido a ver mi nivel de conciencia: existe el nivel infantil, el animal, el adolescente, el adulto explotador, el servicial. Todo es comprender que no puedes dar una ayuda a la gente más allá de tu nivel.
Lógico.
 Si yo descubro que tengo un talento, descubro que ese talento está dormido en todos. He aprendido a buscar en mí para dar a los otros. Lo que doy me lo doy, y lo que no doy me lo quito.

Deme un consejo para que mi perro no me muerda.
Hay una carta del tarot que es un diablo lleno de ojos, significa que el diablo no tiene miedo de verse, si no uno cae en los binarios: bueno y malo, moral e inmoral..., perdiéndonos toda la gama que hay entre los extremos. Hay que aprender a no tratar de ser perfectos, de agradar al profesor, a los papás, a los otros. Verse tal como uno es.

... Y aceptarse.
 Sí, eso es lo primero, y significa afrontar el sufrimiento voluntariamente; ahí empieza el camino, la liberación.

¿Pero uno no debe intentar cambiar?
No se trata de cambiar una cosa por otra, hay que mutar. Yo soy la taza que contiene los garbanzos, pero no soy los garbanzos. Mi mente contiene ideas, pero deben ser fluidas, ir cambiando como cambia la realidad. Y tampoco soy mis deseos. Hay que vivir una vida útil, ¿y qué es útil?

...
Todo lo que permite que la humanidad se desarrolle, todo aquello que te lleva a lo fluido; e inútil todo aquello que te estanca.

Volvamos al inconsciente reprimido.
Si quiere que salga, haga arte: crear una pareja es un arte, saber mirar, saber vivir es arte. Los artesanos son artistas sanos. Hay que ser el artesano de uno mismo y llegar al arte santo. ¿Y qué es la santidad?


 Bendecir todo aquello que ves, que oyes, que tocas, que conoces, siendo lo que eres y no lo que los otros quieren que seas.

jueves, 14 de abril de 2011

LUNAS DE SANGRE



Han pasado cien lunas y sigo palpitando en tus mareas,
el agua de tu lluvia recorre mis cristales
con sus húmedos dedos
y tu aliento entela mi ventana,
la llama agonizante dibuja mil fantasmas
y ya no quedan velas en mi alcoba.

Desde que te marchaste
el hogar esta muerto
y nadie ha barrido las cenizas
de la última lumbre,
el viento ulula por la chimenea
preludiando el silencio
ese silencio que estalla cada noche
que mancillo tu lecho.

Han pasado cien lunas pero todas menguantes,
lunas de sangre sobre un cielo negro,
mientras el lobo que me devora el alma
aúlla cada noche celebrando tu ausencia.
Ya no queda esperanza
 y he entregado mi cuello a sus fauces heladas,
 mientras siento el puñal de tu desprecio
enterrarse en mi espalda.
JUANMAROMO

"El universo suena y cada persona tiene un sonido"

Néstor Eidler, músico y pedagogo vibracional

 
Foto: Xavier Gómez

¿El universo es sonido?
¡Sí! Y la vida, vibración. Toda vibración es sónica. ¡El universo suena!

¿A qué suena?
Oígalo en esta grabación...

Oigo una melodía armoniosa...
Son las vibraciones captadas por la sonda Voyager en el espacio entre Júpiter y Saturno: es la resonancia del viento solar en la ionosfera de los planetas…

El universo suena, pues...
¡Está oyéndolo! Pitágoras (siglo VI a.C.) habló de la “música de las esferas”: Pitágoras debía de tener afinada la percepción de esta realidad cósmica vibrante que hoy la tecnociencia nos confirma.

¿Con qué implicaciones?
Los compositores de música más inspirados (Bach, Mozart, Beethoven...) quizá son personas capaces de conectar con los inmanentes y eternos sonidos del cosmos.

¿No crean? ¿Sólo transcriben?
La música no la inventó el hombre: ¡existe desde siempre! Toda música está aquí: se trata de captarla y plasmarla.

¿Usted compone?
Nací músico. Por mi sangre corren notas. Estudié violín... y quise contactar con David Oistrach, violinista y pedagogo judío ruso.

¿Por qué precisamente con él?
Yo no estaba conforme con mi sonido. Y escuchaba el de otros grandes violinistas: “Farsantes”, pensaba. Hasta que oí a Oistrach: “Es el único que no miente”, me dije...

No entiendo a qué se refiere…
En los otros percibía interferencias, o físicas o narcisistas... Oistrach era el único que me hacía vibrar, sentía que conectaba con la esencia... ¡Quise tocar como él! Como discípulo de Fedora Aberastury, ella me enseñó el camino a los misterios y hacia Oistrach.

¿El camino de los misterios?
Fue la creadora del método Aberastury, llamado sistema consciente para la técnica del movimiento, que te ayuda a reconectarte con tu primer instrumento: ¡tu cuerpo!

¿Y conoció al fin a Oistrach?
Conseguí una cita con él para verle tocar... ¡Y al cabo pude asistir a varias clases! Murió poco después: ¡llegué justo a tiempo!

¿A tiempo para qué?
Oistrach me confesó: “Sé que tengo secretos... pero no sé cómo enseñarlos”, y vio en mí a la persona que sí podría hacerlo.

¿Y qué enseña?
Que quien conoce el sonido lo conoce todo. Cada persona tiene un sonido. El universo es vibración, emanada del tictac de la polaridad originaria, y como el de tu corazón.

Sea más preciso.
Se trata de reactivar conscientemente esas notas de vida, mediante ciertos ejercicios tomados de los métodos de los pianistas Claudio Arrau y Fedora Aberastury: se trabajan cerebro, manos, lengua, plexos, articulaciones, columna, sentidos...

¿Para tocar mejor el piano o el violín?
Es indiferente el instrumento musical; tocar bien un instrumento ¡exige primero aprender a respirar bien! Exige reactivar los motores internos del movimiento...

¿Una especie de reset interno?
Se trata de recuperar tu armonía psicofísica, rearmonizarte emocionalmente, reaprender a activar correctamente tu energía, bloqueada por tensiones, ¡y de ahí se derivará un estado de inspiración creativa!

¿Y el músico interpretará mejor?
He conocido a intérpretes con bloqueos musculares, tendinitis, artritis... que perturbaban sus capacidades: tras el curso música- energía recuperaron sus facultades.

¿Qué es la relación música-energía?
“Dame una cuerda y te explicaré el universo”, proclamó Pitágoras: la vibración es función proporcional del segmento de cuerda… Música, matemáticas, geometría… Tu armonía interna responde a proporciones matemáticas, igual que el cosmos. Restablécela y la energía fluirá: conectarás con tu emoción y sonarás como un instrumento afinado...

No basta el dominio virtuoso de la técnica...
No. La música es como la religión: ¡un sendero para conectar con el absoluto! Esto lo podemos sentir todos.

¿En qué ocasión lo ha sentido más que nunca?
Di un concierto en una nave románica del monasterio de la Oliva (Navarra)... y perdí la noción del tiempo, como si todo fluyese solo y yo observase desde fuera... Vi pasar la eternidad... ¡Cualquiera puede experimentarlo!

Parece hablar de un yoga musical...
Mejor de unas artes marciales... En mis cursos con alumnos, trabajo con su alma... ¡Les toco el alma! Igual que toco el alma de un violín, toco el de las personas.

¿Un violín tiene alma?
Sí, una piececita de madera que une las paredes de la caja del violín, suelta, sin encolar, movible: yo la muevo una sola micra... y cambia el sonido.

Y... ¿en qué parte de mi cuerpo está el alma?
Descartes dijo que en la glándula pineal, que hoy sabemos que está conectada con la punta de los pies, con el dedo gordo de los pies: ¡el alma está en el dedo gordo!

¿Es usted un psicoterapeuta de músicos, por tanto?
Psique significa alma: sí. Les enseño que somos música, que todos tenemos un sonido propio, que a través del cuerpo podrás hallarlo: estarás tocando el alma. Y entonces resonarás a coro con el universo.

miércoles, 13 de abril de 2011

ES URGENTE AMAR Y DECIR A LOS DEMÁS QUE LOS AMAS

 Éric-Emmanuel Schmitt, dramaturgo, escritor, guionista y director de cine


Foto: David Airob

Un día = diez años

Doctor en Filosofía, tiene un don especial para hablarnos de cosas esenciales con sutileza: la muerte, la felicidad, el dolor y todos los sentimientos que nos hermanan, sin necesidad de dramatizar. El resultado son obras de teatro, libros y películas (El señor Ibrahim y las flores del Corán; Odette, una comedia sobre la felicidad) que nos dejan con una sonrisa filosófica y el corazón revuelto. Tiene el don de conectar con la sensibilidad ajena y en su última película, fruto de un libro del mismo título: Cartas a Dios, que se estrena el viernes en España, nos cuenta los últimos días de Oscar y su relación con Mami Rosa, que le ayuda a descubrir el misterio a través de un trato: un día igual a diez años.

Hay dos opciones, o habitas el misterio con miedo y angustia o lo haces con fe, es decir, confianza.

...
De eso hablan todos mis libros y películas, de personajes que confían en lo desconocido, que viven con los brazos abiertos y que luchan contra las fuerzas negativas, la angustia y el miedo.

¿Y usted vive como sus personajes?
Sí, siempre estoy de buen humor, lo que sorprende a la gente, y soy infinitamente curioso. Una cosa que me ayuda a disfrutar de la vida es la imaginación, que me permite explorar todas las puertas del presente.

¿Cómo aplica la imaginación a la realidad?
La imaginación es dejarse invadir por el mundo y por la gente. Cuando estoy frente a alguien, me dejo penetrar por todas las sensaciones y las imágenes que emanan de ese individuo; es un conocimiento empático.

¿Y desde cuándo?
Tenía 29 años, me apunte a un viaje de aventura: diez días caminando por el desierto del Sáhara y me perdí.

¿Sin agua y sin comida?
Sí. Llegó la noche y pensé que iba a morir de miedo, pero ocurrió todo lo contrario. Me invadió la confianza, pasé una noche mística. Entré en ese desierto ateo y salí creyente. Me costó años poder hablar de ello, pero terminé confesando porque siempre me preguntan de dónde viene el optimismo de mis obras, y la fuente viene del desierto. Habito la vida con confianza.

¿No era así de niño?
Era alegre, pero extremadamente angustiado, tenía miedo a la nada y la idea de que la vida era inútil, un puro fenómeno material; hoy creo que es algo más que una agitación de moléculas y que todo está justificado.

Pues me ha partido el corazón.
El tema que trato en Cartas a Dios es duro, pero es una película optimista; un himno a la vida aunque la vida sea breve y frágil. Creo que hay que amar la vida como es, sin ilusiones, sabiendo que es corta, vulnerable y llena de dolor.

¿Cuándo fue la primera vez que se acercó a niños terminales?
Mi padre era fisioterapeuta y trabajaba con ellos. Desde que cumplí los ocho años, todos los jueves y los sábados, me llevaba con él al hospital; así que crecí pensando que lo normal era estar enfermo y lo excepcional tener salud.

¿Aprendió algo?
Al principio tuve miedo; luego aprendí que no tenía que permitir que la enfermedad construyera un muro entre ellos y yo. Y hablo de ello en la película: los padres de Oscar ven la enfermedad de su hijo en lugar de a su hijo, y el niño no lo entiende; cree que no le quieren. No hay que dejar que las situaciones se interpongan entre las personas.

Qué difícil es eso.
Ya adulto acompañaba a una amiga que iba a los hospitales de voluntaria. Jugando con los niños descubrí que son mucho más francos y directos. Cuando están en situaciones frágiles, quieren hablar de la enfermedad, de la muerte, de todo lo que les ocurre. Son los adultos los que están asustados, y crean angustia con su silencio e hipocresía.

Su película tiene algo muy profundo.
Un amor visceral por la vida tal y como es; no tal y como quisiéramos que fuera. Para mí, ser feliz no es tener una vida distinta a la que tengo, es entrar completamente en la que tengo; no es protegerse del dolor o la desgracia, es integrarlos en las tramas de la existencia. Con la misma vida puedes ser feliz o desgraciado; es una actitud mental.

¿Una actitud que usted ha aprendido?
Sí, puedes luchar contra tu negatividad y pesimismo. Eso quiere decir que la inteligencia y la experiencia pueden servir para algo.

Se adivina que ha vivido la muerte.
Sí, he acompañado a personas cercanas, a veces en largas agonías, y me ha hecho entender que era urgente amar y decir que amas; no hay tiempo que perder.

Sus mujeres son fuertes y tiernas.
Para mi el hombre es simplicidad y la mujer complejidad. Cuando una mujer dice no, nunca quiere decir no, ni cuando dice sí. La mujer es paradójica, es fuerza y herida. Si no veo su herida, no puedo entenderla.

¿Cómo es su madre?
Una fuerza sin ambigüedad ni ambivalencia. Creo que mi madre es un hombre.

¿Qué quiere contar?
Tengo una obsesión: mostrar que cada uno de nosotros podría haber sido el otro. Incluso escribí un libro sobre Hitler para demostrar que convertirse en un bárbaro está al alcance de cualquiera. Hay una búsqueda ética: cultivar lo mejor en lugar de cultivar lo peor, y por tanto una dimensión moral.

Cuesta trabajo ser bueno.
Sí, el mal se hace rápido y el bien es laborioso. En un segundo lo puedes destruir todo; por ejemplo, con un niño o en el amor con una sola frase.

¿Cómo se aprende la confianza?
Aceptando que no todo es racional, aceptando abrir las puertas de la sensibilidad y la irracionalidad de la vida. Hay que amar la necesidad y todo lo inevitable.

Pensar no es bueno para tener confianza.
Cierto. El pensamiento es el espíritu crítico, pero es necesario pensar hasta que llegas a ese umbral en el que el pensamiento ya no sirve para nada y ahí has de tirarte de cabeza: o al miedo o a la confianza.

martes, 12 de abril de 2011

ADIÓS AL ESTADO DEL BIENESTAR

 Ha dejado de existir el laborioso empeño que asumieron la democracia cristiana y la socialdemocracia


 
Albert Garrido Periodista
  El Estado del bienestar es incompatible con casi todas las disposiciones que se adoptan para vencer la crisis, contentar a los mercados y restablecer la confianza en el futuro. De forma genérica, es incompatible con cuanto aconsejan los gurús que dicen saber qué camino hay que seguir para salvar los muebles. De forma más concreta, es incompatible con lo que sigue:
1. El sometimiento absoluto de los estados a los criterios de los mercados financieros.
2. La reducción del Estado a su más mínima y débil expresión.
3. La suplantación de la política por la contabilidad y de los políticos por tenedores de libros.
4. La reducción de las obligaciones fiscales de las rentas altas -regalos fiscales- y el mantenimiento de la presión tributaria sobre las rentas medias y bajas.
5. El mileurismo rampante que conduce inevitablemente a la proletarización de las clases medias.
6. La economía sumergida y el sub-
empleo -puede que infraempleo- que da pie a la articulación de una sociedad paralela, opaca, desregulada y extremadamente dual.
7. La libertad con la que operan los manipuladores del mercado: especuladores, bajistas, financieros de fortuna y agencias de calificación.
8. Los adoradores del mercado que, a pesar de cuanto ha sucedido, siguen pensando que los desastres ocasionados por el mercado tienen solución paradójicamente en el propio mercado.
9. La fascinación por el modelo chino, en el cual los mecanismos de protección social no tienen cabida.
10. Los nacionalismos, con Estado o sin él, que, en caso de duda, entre atender a la nación o cuidar de los ciudadanos, optan por la nación y sacrifican a los ciudadanos.
11. El sindicalismo de bajos vuelos que cree que, blindando el pasado, se puede construir el futuro.
12. La fortuna cosechada por lo políticamente correcto, cuyo único objetivo es garantizar que nadie cambiará las reglas del juego.
13. El desprecio del valor y el significado de los bienes y los intereses colectivos.
14. El déficit demográfico derivado de tasas de natalidad irrisorias.
El ecosistema del Estado del bienestar solo es posible merced a delicados equilibrios sociales, pero cuando concurren en una sociedad -la nuestra- los factores mencionados o parte de ellos, se descompone rápidamente. Al igual que el planeta no puede soportar el crecimiento exponencial del dióxido de carbono, el Estado del bienestar no puede subsistir en una atmósfera social viciada por el reparto de la miseria, la sistemática socialización de las pérdidas y la escandalosa privatización de las ganancias. Por más que las agencias de calificación, el FMI, el BCE y toda la parentela insistan en que el buen camino es este.
Efectos prácticos y resumen de lo antedicho: si se quiere comprar un país a precio de saldo, basta con contar con la complicidad de una o varias agencias de rating. Cerrada la alianza, dar el golpe es solo cosa de tiempo y paciencia. Los países caen como fruta madura deslumbrados por la luz cegadora de los profetas del apocalipsis económico, la prima de riesgo y otras trapisondas legales. Sucede así que en menos de un suspiro se da la vuelta a la tortilla y -¡oh, días prodigiosos!- se pone en circulación la idea de que deben pagar la crisis quienes son sus víctimas y deben salir con bien cuantos la provocaron en Wall Street y otros barrios.
Siguen luego una serie de extrañas recomendaciones que, muy resumidas, caben en una frase: aquellos que quieran el Estado del bienestar, que lo paguen de su bolsillo, que quienes no lo precisan no tienen por qué sufragarlo en la parte que la decencia induce a pensar que les toca. En realidad, todo se envuelve en un lenguaje incomprensible que, cuando se vuelve comprensible, resulta sonrojante. Se trata de un lenguaje desvergonzado, destinado a justificar lo que no tiene justificación, un compendio de recomendaciones que condenan indefectiblemente a los jóvenes a vivir peor que sus padres, que exigen a la sociedad la mansa aceptación de la injusticia social como norma de obligado cumplimiento.
De momento, solo es seguro que la trabajosa construcción de la economía social de mercado, trasunto del Estado del bienestar, ha saltado por los aires. Ha dejado de existir aquel laborioso empeño que, con diferentes etiquetas políticas, asumieron la democracia cristiana y la socialdemocracia en la posguerra mundial y fue el santo y seña de la prosperidad de Occidente frente a la gris realidad de la economía planificada y el socialismo realmente existente. Se ha deshilachado todo el entramado de estabilidad emocional y cohesión social que garantizó el modelo durante la larga guerra fría, y no hay forma de zurcirlo. En realidad, el Estado del bienestar ha dejado de ser necesario como forma de humanización del capitalismo sin cortapisas, como modelo razonablemente justo frente a la sociedad desmañada, la abulia y el totalitarismo sin esperanza del bloque del Este, que dejó de existir. Descanse en paz el Estado del bienestar.

EL CLUB DE LOS POETAS PUTREFACTOS


 
Rosa Cullell Periodista
  Un joven alto, de aspecto fiero y buen corazón, se cruza con un señor esmirriado. El bajito se planta en medio de la acera y le suelta: «¡Hijo de puta, cabrón, te voy a matar!». El joven fornido se aleja pensando que aquel desgraciado que no levanta dos palmos del suelo es un loco. Lo ignora. Una y otra vez. Hasta que un día, cuando el insulto infringe leyes y sobrepasa mezquindades, el joven se para, agarra al agresor y le muestra sus puños. El bajito saca una pistola. Y lo mata.
 
La historia me la contó un amigo al que un periodista de ego infinito, que ama «épater le bourgeois», llevaba años torturando. Yo creía que debía denunciarlo. «Si no estás dispuesto a usar las mismas armas que tu atacante», decía él, «es mejor evitar el duelo». Me gusta esa táctica, la de no entrar en vulgares trapos. Sin embargo, tras leer el artículo de Salvador Sostres en El Mundo justificando a ese pobre «chico normal» que, abandonado y ofendido, mató a su joven novia embarazada, empiezo a dudar de la eficacia del «aquí no pasa nada».
Conocí a Sostres hace años; trabajaba en la radio y escribía poesía. No era mal poeta. Lo fui siguiendo de medio en medio. Creí que su interés por contentar a su peña había ido algo lejos cuando escribió: «Es muy hortera hablar en español; solo lo hablo con la criada y con algunos empleados». Y siempre me ha disgustado su afán por insultar a los fallecidos
-Manolo Vázquez Montalbán, Marcelino Camacho o Santi Santamaría- cuando sus cuerpos aún están calientes. Durante un tiempo le perdí de vista. Hasta que Sostres, que para entonces ya hablaba en castellano con todo quisqui, apareció en Telemadrid alabando las vaginas de las jovencitas, «esas que aún no huelen a ácido úrico, que están limpias».
Desconozco qué sucede en el cerebro para pasar de los sonetos al insulto; del artículo mordaz al comentario pederasta, a la justificación del asesinato. Pero si diarios y televisiones siguen difundiendo el más horrible todavía, nada impedirá que otros jóvenes periodistas, otros Sostres, ingresen en un siniestro club. En el club de los poetas putrefactos.

"¿Recortar quirófanos...?¿Y porqué no coches oficiales?"

Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes

Foto: Dani Duch
Ni un segundo más
Incluso cuando los recortes presupuestarios son imprescindibles hay que saber ver la línea roja: es la que pasa entre la vida o la muerte. Y está en la Sanidad. Los profesionales a los que debemos nuestro gran éxito mundial, los trasplantes de órganos, me recuerdan que sólo son posibles gracias a la gratuidad y por tanto a la solidaridad de todos. Y apuntan que hay muchos coches oficiales, dietas, viajes y gastos suntuarios de los políticos –¡aumentemos su productividad!– que se pueden recortar antes de hacer esperar a un enfermo en una lista y antes de que un niño –temen que sucederá tras las elecciones– tenga que sufrir un solo segundo de más por el trasplante que necesita.
En los últimos 22 años, más de 70.000 ciudadanos de este país se han beneficiado de un trasplante de órganos y, si a la cifra le añadimos los receptores de tejidos y células, llegan a sumar 300.000: cerca del uno por ciento de la población.

Eran noticia y son milagro cotidiano.
En el que somos el referente mundial. ¿Cómo lo hemos conseguido? Pericia médica, madurez ciudadana y una organización compleja y eficaz. Fíjese en el trasplante de cara: sólo se han hecho 14 en la historia y ya los hemos sistematizado como si se hubieran hecho toda la vida.

¿Somos más generosos donando?
Somos los mejores –y la Sanidad catalana fue y es pionera y ejemplar– organizando: aviones, helicópteros, ambulancias y profesionales de altísima cualificación contra reloj. Por eso hacemos más trasplantes –y con más éxito– que ningún otro país. Más que Suecia o Finlandia, por ejemplo, donde tienen más donantes potenciales.

¿Cuál es el secreto?
Precisamente esa organización eficaz. Donas un órgano porque sabes que el sistema funciona y es justo, y que –rico o pobre– tendrás idénticas posibilidades de obtener un órgano –tú o los tuyos– cuando lo necesites.

Por eso en EE.UU. no funcionan igual.
Porque cuando la Sanidad no es gratuita, no es buena –ni para pobres ni para ricos– y la prueba son los trasplantes. Uno de riñón cuesta unos 50.000 euros: si sólo pudiera beneficiarse de él quien puede pagarlo, los pobres no los donarían, porque sabrían que ellos no podrían permitirse ser trasplantados y, al final, también los ricos se quedarían sin donaciones.

¿Y si hay menos accidentes de tráfico?
Es que ya hay menos, y por eso hoy sólo el 5 por ciento de los órganos proviene de accidentes. Los trasplantes han cambiado como nuestra sociedad. Por ejemplo, cuando empezamos, excluíamos del programa a mayores de 50 por mayor riesgo. Hoy trasplantamos a receptores de 80 y más.

Envejezco más tranquilo al saberlo.
Y hemos incorporado a los inmigrantes al sistema mejor que ningún otro país : precisamente porque saben que nuestro sistema de donaciones es justo y eficaz.

¿No se niegan a donar por religión?
Aquí se han integrado. Tenemos un 11 por ciento de inmigrantes en el censo y un 9 por ciento de las donaciones ya las hacen ellos. Francia, el Reino Unido o Alemania, en cambio, no han logrado que sus inmigrantes donen sus órganos.

¿No teme un recorte presupuestario?
Lo temo, y más tras las elecciones locales. Y sería un error, porque veamos: convendrá conmigo en que dejar morir a alguien por falta de un órgano no es una opción en un país como este, que no es tercermundista.

Absolutamente.
Y cuando tienes insuficiencia renal: o haces diálisis o recibes un trasplante o te mueres.

¿Y con otros órganos pasa igual?
Lo mismo. Pero analicemos los costes y el posible recorte en los trasplantes de riñón, que son los más habituales: una diálisis cuesta 40.000 euros al año y un trasplante, 50.000, pero, al segundo año, el coste del trasplantado cae a 5.000 o 6.000...

Está claro que la diálisis es más cara.
Pero la tentación del político ineficaz es cerrar quirófanos y alargar listas de espera: así consigue un ahorro de entrada ese ejercicio, pero, al cabo de dos o tres años, acaba derrochando nuestro dinero.

Si no son intervenciones urgentes...
Deberíamos considerar quién considera urgente o no una intervención. ¿Sabe el coste de tener a un ciudadano en su casa esperando una intervención “secundaria” de rodilla? Pero es que, además, la cirugía ahorra dinero público. Si no hubiéramos trasplantado riñones, por ejemplo, ahora tendríamos 20.000 pacientes más en diálisis.

Y eso sería carísimo.
Representaría más del doble de lo que cuestan todos los trasplantes que hacemos en España al año. Incluso los de cara, que son costosos –175.000 euros–, no lo son tanto si pensamos en la alternativa, que podrían ser una decena o más de operaciones sucesivas.

Sin citar el ahorro en sufrimiento.
Hablo sólo de las cifras: ahorrar en quirófanos es un derroche, aunque inmediatamente después del tijeretazo parezca un ahorro.

Pocos políticos piensan a largo plazo.
¡Qué me va a decir! En mis 22 años dirigiendo la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) he tratado con once ministros e incontables consejeros de Sanidad...

¿Y qué ha aprendido?
Lo que hemos demostrado en este país con los trasplantes. Nuestra Sanidad necesita un gobierno clínico: de técnicos que, además, sepan de gestión, y no de meros políticos o contables que meten la tijera y luego envían al ministro de Sanidad a aguantar el chaparrón. En realidad, el ministro de Sanidad acaba siendo el de Economía.

Sobre el papel... ¡es tan fácil recortar! 
¿Y cerrar quirófanos, alargar listas de espera es el único ahorro posible?

¿Se le ocurren otros?
Yo sufro especialmente cuando veo a un niño en una lista de espera por un órgano.

Todos sufrimos al verlo.
¿No podrían los políticos recortar más en otras partidas? ¿De verdad necesitamos todos sus coches oficiales; asesores; todas esas embajadas y viajes y gastos suntuarios y de representación?

lunes, 11 de abril de 2011

EL AMOR ES LA FUERZA MÁS PODEROSA DEL COSMOS

  

Amor te infunde tu madre cuando te abraza recién parida y se impregna de ti, amor  recibes de sus pechos, de su boca,  de las canciones de cuna, de las noches en vela sin un reproche. Amor es el sacrificio diario por tu salud, por tus estudios, la lucha continua por inculcarte valores, respeto, capacidad de trabajo.
 Amor es la chispa que salta a tus ojos, cuando ese muchacho te mira por primera vez, el trémulo intento de acariciar tu  mano, el tímido beso en la mejilla, la inolvidable entrega a la persona amada. Acordes indelebles que  serán el preludio de  la pasión, el cariño, el respeto, la ternura, la vida mano a mano.
Amor es deshojar el futuro a golpes de sonrisa, despertar enroscados en un abrazo, creer en dios mirándote a los ojos, cantar bajo el diluvio a corazón abierto. Amor es sentirte omnipotente, beberte las estrellas en un trago, detener el péndulo e iluminar la noche con su fuego.
Pero también es compartir las amarguras para llevarlas a cuatro manos y a dos corazones, el cuidado solicito en la enfermedad, el consuelo en el infortunio, y porque no, la dulce despedida cuando la persona amada cuando toma su rumbo al infinito .... No hay repesca para esa asignatura, porque sin ella puedes triunfar, tener dinero y ostentar poder, pero serás, un naufrago en la isla del fin del mundo. Solo el que nace, vive y muere rodeado de amor, y sembrando amor se puede decir que ha vivido. los demás nos limitamos a sobrevivir.

PRIMAVERA OTRA VEZ


Hoy me quiero morir y es primavera, y la gente se tumba en la hierba y hace sol y el día ha sido claro y esta noche tenemos la luna más inmensa que nunca contemplaron los amantes... Al fracaso no se llega por un error, ni por dos, ni por tres... La vida te da oportunidades y tú las vas tirando por la borda, y cuando te das cuenta se ha pasado tu momento y no te queda nada, y no has guardado nada, y entonces sabes que te has equivocado, y miras hacia atrás y sólo ves fracaso, pero ya es demasiado tarde y no puedes cambiar. Lo único que puedes hacer es continuar, seguir andando.
Mi pequeña, querida mujer, que esta noche contemplas fijamente ese rayo de luna que brilla y se refleja en el espejo que hay en la pared, justo frente a mi cama, no dejes que se mueran los sueños que has soñado, no dejes que esta luna te arrastre hacia la muerte, no dejes que cada atardecer se pierda sin sentido entre tus manos, porque hay tanto dolor, hay tanto que olvidar en esta tierra, y no nos queda tiempo. Vivamos este ahora sin presente. La luna se ha instalado en tu mirada, y tú, mi amor, estás aquí, completa, fascinante, eternamente tú. Y yo, desde este lado del abismo oscuro y sin fondo de mi almohada, te quiero desesperadamente, adoro cada uno de tus gestos, y sé que es un error, y sé que nos va a ir mal, y sé que no puedo evitar sentir todo este vendaval que me arde dentro.
Ya ves, mujer de espalda azul, mujer de ojos de mar y alma de escarcha, no soy ningún ingenuo. Esto no es más que otro fugaz amor de una noche de primavera. La luna pasará, los días pasarán. Tu historia pasará como pasan todas las cosas. La vida nos da oportunidades, pero todo da igual. Ya es más de media noche y ahora es primavera y me quiero morir y no me importa nada.
¿Sabes? Tal vez la vida no sea más que esto: contemplarte desnuda, mientras observas ese rayo de luz que nos separa.

ANGEL PASOS

EL DIA EN QUE DIOS NOS CASTIGÓ

 
 
 
Joan Barril Periodista 
  Es admirable la forma con la que hemos afrontado la dichosa crisis. Las responsabilidades remotas se han diluido en la historia y hemos dado por buena la versión por la que se entiende la crisis como una catástrofe natural. El crédito es una sequía y la morosidad hipotecaria o el incremento del paro son una inundación. Es una continuación del famoso «Dios te ha castigado». No han sido ni los hermanos Lehman ni el pícaro Madoff ni las agencias de rating que dan su pronóstico favorable a aquellos que mejor les pagan. En la teoría del dominó la alarma ha sido una espléndia coartada para que las grandes empresas y las administraciones. En este sentido, la figura económica del Dios castigador es así de cruel. Cuando se trata de compartir las dificultades globales, entonces las grandes corporaciones públicas o privadas se dejan resbalar por la pendiente de las restricciones. Por el contrario, cuando las cosas les van más o menos bien, el éxito económico se mantiene en secreto y acaba en un festival de primas, dividendos y exaltación de lo bien que les van las cosas. No solo eso: al menos cada año, incluso en tiempos de vacas flacas, la gran banca y lo que cuelga de ella, se lamenta de lo mal que les van las cosas, en el bien entendido que el mal continúa siendo un incremento de resultados notable. Lo venía a decir la semana pasada el nobel Joseph Stiglitz al afirmar que «un sistema que socializa las pérdidas y privatiza las ganancias está condenado a gestionar mal el riesgo».

Mientras tanto, hay que continuar echando responsabilidades al común de los mortales. No solo saciamos a la banca insaciable con nuestros impuestos, sino que la palabra crédito ha desaparecido del lenguaje bancario. Y los impuestos se nutren de economías menudas mientras a las grandes se las agasaja. Eso es lo que lleva a la indignación de la que ayer EL PERIÓDICO se hacía eco. Nos piden el sacrificio económico, pero nadie nos dice hasta cuándo ni para qué. ¿Se sacrificarán algún día por nosotros? ¿Les veremos la cara? ¿Nos fiaremos de ellos? ¿Cómo nos vamos a fiar si en las listas de las elecciones de mayo hay más imputados por corrupción que nunca?