jueves, 9 de julio de 2009

"La felicidad hay que currársela, no viene dada"

Javier Sádaba, catedrático de Ética
"La felicidad hay que currársela, no viene dada"
IMA SANCHÍS - 09/07/2009

67 años. Nací en Vizcaya y vivo en Madrid. Doctor en Filosofía y Letras, licenciado en Teología y catedrático de Ética. Casado, un hijo y un nieto. La democracia no debería ser el mal menor, sino buena por ella misma. No creo en nada, pero pienso que nos rodea el misterio

Sigue preguntándose sobre el sentido de la vida?

Tenga sentido o no, es la pregunta fundamental. Hay que preguntarse seriamente si podemos sacarle jugo a esta vida.

En eso estamos todos.

Sí, pero lo que más nos importa se nos suele ir por las rendijas de la trivialidad: al margen de que uno sea futbolista o ajedrecista, nuestra felicidad depende de cómo posamos el pie en este mundo.

Aprendemos caminando.

Hay que tener muy despierta la inteligencia y la sensibilidad, porque hay cantidad de estímulos que nos vienen de fuera y que deberíamos aprovechar. Hay que estar como los indios: con la oreja siempre pegada al suelo. Y me parece decisivo tener carácter, es decir, querer estar bien, no dejarse llevar por los acontecimientos, ir directamente a las cosas con una voluntad fuerte.

Eso es tarea de una vida entera.

La vida buena, la felicidad, hay que currársela, no viene dada como un don del cielo. Y al final lo que uno hace es respirar bien: algo que está en potencia y uno lo pone en acto.

¿Con qué herramientas contamos?

Al final el objetivo es llegar a ser tú mismo, construirte, y para ello es necesario conocerse bien, saber lo que uno puede, cuáles son sus poderes, y desechar lo que no puede. Otra es saber estar bien con los demás.

Eso es muy difícil.

Habría que repetir una y mil veces aquella frase de Bergamín: "Sólo los solitarios son solidarios".

Hay que empezar por uno mismo.

Hay que saber de uno y, después, saber salir a los demás. Si uno es egoísta, aparte de que no hay nada más feo, se achica a sí mismo. Uno crece si crece con los otros. Desarrollar un altruismo inteligente es al final lo que merece la pena.

¿Qué impide la buena vida?

Aparte de uno mismo, en esta época sobreestimulada, ir deprisa por la vida y cierta patología sociopolítica que nos está hundiendo, que ha extendido el reino de la mentira, que valora muy poco a la gente por lo que ella pueda dar. Se trata de un paternalismo desilustrado.

Eso suena terrible.

En los países desarrollados hay un desequilibrio entre el desarrollo tecnocientífico y los sentimientos morales. Una inmensa disfunción entre lo que podríamos hacer y lo que hacemos.

Ponga el énfasis...

Lo pondría en la sensibilidad y los sentimientos, que son la llave para entrar en la vida buena, en nosotros y en los otros, y como guía la inteligencia, que es esclava de las pasiones pero siempre es un gran faro.

¿Y por qué estamos tan perdidos?

Deberíamos reflexionar más sobre aquello que está en nuestras manos hacer y crear unas relaciones mucho más auténticas. Hemos sido cómplices de unas instituciones que no han sabido hacerlo, y por eso estamos tan perdidos.

Igual lo que habría que hacer es eliminar unas cuantas.

El fracaso del avance democrático tiene mucho que ver con la alienación política de las instituciones, que en vez de ser los depositarios de la voluntad popular se han convertido en los que mandan e imponen sus intereses. Yo abogo por la abstención consciente.

... Pues le llamarán inconsciente.

La vida política se ha convertido en una noria de la cual no se sale: vienen unos, luego los otros, y todos son muy parecidos. La única forma de liberarse sería crear semilla en la sociedad, que cada uno viera que la vida política no va a cambiar desde la política, sino desde la acción cotidiana.

Usted dice que todos nacemos con un don, ¿está seguro?

Como decía Descartes, todos somos muy parecidos en inteligencia, pero después es una cuestión de disciplina, suerte y saber estar. La gente tiene capacidades ocultas que bien aprovechadas te pueden hacer la vida feliz.

¿Y para descubrir ese don?

Por una parte está el pensar, el ver como decía Wittgenstein, traspasar las cosas. A veces, callarse y esperar, y la gran mayoría de las veces, callarse y escuchar, fuera y dentro.

Yo, que me paso la vida escuchando, le diría que la acción es básica.

Sí, Wittgenstein decía que un concepto que no se aplica es vacío. Al final hay que comprometerse, hay que jugársela. Uno de los aspectos más deleznable de nuestros días es que no nos la jugamos, hay un miedo difuso que es paralizante. Todo el mundo teme salirse de la raya, ser considerado incorrecto, y las cosas cambian cuando uno actúa en consecuencia con lo que piensa.

¿Persigue la inocencia?

Persigo por lo menos la disposición a la inocencia: saber que las cosas pueden ser de otra manera. "Hay que vivir ingenuamente, y lo digo sin ingenuidad", decía Dostoyevski. De tonto no hay que ir, pero sí esperando siempre lo mejor de los otros, por lo menos como actitud de entrada.

¿El valor supremo?

Lo más artístico e interesante que hay en la vida es construir la propia bondad. El bueno inteligente es la más rara avis que existe, y ese me parece el valor supremo.

¿Y el humor?

Hay un nexo importante entre el humor y el amor, no sólo porque el humor es lo más erótico que existe, sino porque una persona con mucho humor es persona empática.

miércoles, 8 de julio de 2009

LA GRIPE ANTISOCIAL

La gripe antisocial

 Foto: TOÑO VEGA
Foto: TOÑO VEGA
JOAN BARRIL

Todo placer comporta un sufrimiento. Después del amor todos los animales están tristes. Después de la verbena llega la melancolía. Existe un mecanismo de autodefensa ante la euforia excesiva. Y para neutralizar los excesos no hay nada más eficaz que la exaltación del arrepentimiento. Los administradores del arrepentimiento han sido siempre las religiones. Y cuando la religión de lo sobrenatural ha caído en desuso, han llegado los religiosos de la razón para conseguir los mismos resultados.
Los administradores del arrepentimiento son hoy los burócratas de los hábitos de salud. En un afán de convertir nuestros cuerpos golosos y ávidos en cuerpos angélicos, los expertos en salud pública y los nuevos chamanes de la vida alternativa han reescrito los 10 mandamientos y nos advierten en todo momento de lo mal que estamos haciendo las cosas. Antes a ese mal se le llamaba pecado. Ahora el fundamentalismo salutífero ha inventado pecados nuevos y extrañas tablas cuyos límites no pueden sobrepasarse. Cualquier análisis dispone de las llamadas «líneas rojas» bajo las cuales todo se mantiene en el orden celular establecido. Pero ay de ustedes si las sobrepasan, porque entonces es que ustedes están caminando implacablemente hacia la autodestrucción.
Los malos hábitos se contraen por la boca. El hombre, ese prodigioso animal omnívoro, ha dejado de ser un templo blindado por vacunas y hoy se nos ofrece como una institución agrietada y vulnerable. Hasta la publicidad insiste en la importancia de comer «sano», como si hubiera alguien que voluntariamente prefiriera alimentarse de ponzoñas y detritus, de pescados venenosos o carnes putrefactas. El omnívoro está mal visto. Y lo está porque la nueva religión de las largas vidas considera que todo lo que nos rodea es un peligro y que la nevera, ese antiguo tabernáculo de la abundancia, es en realidad un arsenal de armas de envenenamiento individual.
Pero vayamos un poco más lejos de las neveras. El aire y el agua se muestran hoy como verdaderas colonias de infusorios y de enfermedades microscópicas. ¡Qué no decir del vino, ese líquido que ha presidido todas las mesas desde los antiguos griegos hasta hoy y que constituye uno de los objetivos preferidos de nuestros políticos! En la cima de todos los peligros se encuentra el tabaco, naturalmente. Y el azúcar. Y la sal. Y las grasas, que antes eran sinónimo de reserva y que hoy son la amenaza mayor para las arterias.
Y, de vez en cuando, llega una enfermedad de verdad. Una enfermedad de etiología desconocida que siempre ha de llegar acompañada de un pequeño placer. Así fue el sida, que significó en su día el fin de la libertad sexual de toda una generación. Y ahora nos ha llegado la gripe nueva, una enfermedad que no llega por el contacto directo con pollos, gallinas y otras aves de corral, como lo fue la gripe aviar. La nueva gripe es el flagelo que intenta romper la cohesión social. Porque la nueva gripe se está cebando en grupos de gente feliz: estudiantes que se fueron al Caribe, jóvenes que regresaron de colonias. La nueva gripe corresponde al pecado de las afinidades electivas. Me da pavor que esa gripe nos lleve al aislamiento y al temor del otro. Porque si alguna esperanza le quedaba al mundo, era el debate común y la duda compartida. Pero esa nueva gripe hace que el aliento del amigos se convierta en nuestro enemigo. Y ahí está el poder, en sus palacios presurizados, esperando que la sociedad se funda en triste y estéril individualidad.

martes, 7 de julio de 2009

HUMOR GRÁFICO

EL ESPIA EXHIBICIONISTA

El espía exhibicionista


JOAN BARRIL

El gran mérito que pueden esgrimir los espías para ser contratados por la competencia es que nadie sepa que son espías. De ahí que jamás podrán ser contratados por la competencia, porque de saberse que son espías demostrarían su falta de profesionalidad. En otras palabras: que el mejor de los servicios secretos es el que hace servicios pero sin desvelar jamás su secreto.
No parece que haya sido este el caso de Alberto Saiz, quien durante algunos años se encargó de dirigir los servicios secretos españoles. El currículo de Saiz no es para enorgullecerse. Ya no se trata de haber usado su cargo para pequeños trapicheos privados, que eso está al alcance de cualquiera. Lo grave es que el jefe de los espías no contemplara la posibilidad de ser espiado. Pero mucho más grave es que Alberto Saiz dijera que dudaba de la lealtad de 60 de sus agentes y que, a pesar de esa denuncia, solo se haya actuado contra él. Sesenta espías desleales no dicen mucho a favor de un organismo que nos ha de defender de todos los males. La sustitución de Saiz por un militar tampoco dice mucho a favor de los civiles. Se da por supuesto que los militares son incorruptibles mientras que los civiles caen en todas las tentaciones. Eso no lo arregla ni James Bond.
Pero no hace falta acudir a los servicios secretos británicos para convenir que el mundo de los agentes secretos ha perdido su magia. Hace unos años Bush no dudó en hacer pública la identidad de una pareja de espías norteamericanos solo para vengarse de las críticas que uno de los esposos había proferido contra el presidente. Hoy, al frente del MI6 británico se encuentra el señor John Sawers, de quien su esposa ha colgado en el Facebook toda su vida, la de sus hijos, el color de las alfombras de la casa de estar y los lugares de veraneo. Con informaciones así, ¿qué trabajo van a tener los espías enemigos? Los espías ya no surgen del frío, sino de la vanidad y de la codicia. Al menos, James Bond caía en tentaciones más humanas y, mientras retozaba con la chica de turno, le admirábamos. Hoy esa admiración se ha convertido en risa.

EL PESCADORCITO DE URASHIMA

Cuando era niño, tenia un libro de cuentos que leia y relia hasta aprendérmelo de memoria, habia un cuento en especial que me atraia, y a la vez me daba miedo, era demasiado pequeño para entenderlo, ahora que soy mayor, su mensaje me da más miedo todavia.

Vivía muchísimo tiempo hace, en la costa del

mar del Japón, un pescadorcito llamado Urashima,

amable muchacho, y muy listo con la caña y el anzuelo.

Cierto día salió a pescar en su barca; pero en vez

de coger un pez, ¿qué piensas que cogió? Pues bien:

cogió una grande tortuga con una concha muy recia

y una cara vieja, arrugada y fea, y un rabillo muy

raro. Bueno será que sepas una cosa, que sin duda

no sabes, y es que las tortugas viven mil años: al

menos las japonesas los viven.

Urashima, que no lo ignoraba. dijo para sí: «Un

pez me sabrá tan bien para la comida y quizá mejor

que la tortuga. ¿Para qué de he matar a este pobrecito

animal y privarle de que viva aún novecientos

noventa y nueve años? No, no quiero ser tan cruel.

Seguro estoy de que mi madre aprobará lo que ha

go.»Y, en efecto, echó la tortuga de nuevo en la

mar.

Poco después aconteció que Urashima se quedó

dormido en su barca. Era tiempo muy caluroso de

verano, cuando casi nadie se resiste al mediodía a

echar una siesta.

Apenas se durmió, salió del seno de las olas una

hermosa dama que entró en la barca y dijo:

-Yo soy la hija del dios del mar y vivo con mi

padre en el Palacio del Dragón, allende los mares.

No fue tortuga la que pescaste poco ha y tan generosamente

pusiste de nuevo en el agua en vez de

matarla. Era yo misma, enviada por mi padre, el

dios del mar, para ver si tú eras bueno o malo. Ahora,

como ya sabemos que eres bueno, un excelente

muchacho, que repugna toda crueldad, he venido

para llevarte conmigo. Si quieres, nos casaremos y

viviremos felizmente juntos, más de mil años, en el

Palacio del Dragón, allende los mares azules.

Tomó entonces Urashima un remo y la princesa

marina otro; y remaron, remaron, hasta arribar por

último al Palacio del Dragón, donde el dios de la

mar vivía e imperaba, como rey, sobre todos los

dragones, tortugas y peces. ¡Oh, qué sitio tan ameno

era aquél! Los muros del Palacio eran de coral; los

árboles tenían esmeraldas por hojas, y rubíes por

fruta; las escamas de los peces eran plata, y las colas

de los dragones, oro. Piensa en todo lo más bonito,

primoroso y luciente que viste en tu vida, ponlo

junto, y tal vez concebirás entonces lo que el Palacio

parecía. Y todo ello pertenecía a Urashima. Y ¿cómo

no, si era el yerno del dios de la mar y el marido

de la adorable princesa?

Allí vivieron dichosos más de tres años, paseando

todos los días por entre aquellos árboles con

hojas de esmeraldas y frutas de rubíes.

Pero una mañana dijo Urashima a su mujer:

-Muy contento y satisfecho estoy aquí. Necesito,

no obstante, volver a mi casa y ver a mi padre, a mi

madre, a mis hermanos y a mis hermanas. Déjame ir

por poco tiempo y pronto volveré. -No gusto de

que te vayas -contestó ella-. Mucho temo que te suceda

algo terrible; pero vete, pues así lo deseas y no

se puede evitar. Toma, con todo, esta caja, y cuida

mucho no abrirla. Si la abres a pesar de mi advertencia,

no lograrás nunca volver a verme.

Prometió Urashima tener mucho cuidado con la

caja y no abrirla por nada del mundo. Luego entró

en su barca, navegó mucho, y al fin desembarcó en

la costa de su país natal.

Pero ¿qué había ocurrido durante su ausencia?

¿Dónde estaba la choza de su padre? ¿Qué había

sido de la aldea en que solía vivir? Las montañas,

por cierto, estaban allí como antes; pero los árboles

habían sido cortados. El arroyuelo, que corría junto

a la choza de su padre, seguía corriendo, pero ya no

iban allí mujeres a lavar la ropa como antes. Portentoso

era que todo hubiese cambiado de tal suerte

en sólo tres años.

Acertó entonces a pasar un hombre por allí cerca

y Urashima le preguntó;- ¿Puedes decirme, te

ruego, dónde está la choza de Urashima, que se hallaba

aquí antes?

El hombre contestó: -¿Urashima? ¿Cómo preguntas

por él, si hace cuatrocientas años que desapareció

pescando? Su padre, su madre, sus

hermanos, los nietos de sus hermanos, ha siglos que

murieron. Esa es una historia muy antigua. Loco

debes de estar cuando buscas aún la tal choza. Hace

centenares de años que era escombros.

De súbito acudió a la mente de Urashima la idea

de que el Palacio del Dragón, allende los mares, con

sus muros de coral y su fruta de rubíes, y sus dragones

con colas de oro, había de ser parte del país de

las hadas, donde un día es más largo que un año en

este mundo, y que sus tres años en compañía de la

princesa habían sido cuatrocientos. De nada le valía,

pues, permanecer ya en su tierra, donde todos sus

parientes y amigos habían muerto y donde hasta su

propia aldea había desaparecido.

Con gran precipitación y atolondramiento pensó

entonces Urashima en volverse con su mujer, allende

los mares. Pero ¿cuál era el rumbo que debía seguir'.'

¿Quién se lo marcaría?

-Tal vez -caviló- si abro la caja que ella me dio,

descubra el secreto y. el camino que busco.

Así desobedeció las órdenes que le había dado la

princesa, o bien no las recordó en aquél momento,

por lo trastornado que estaba.

Como quiera que fuese, Urashima abrió la caja.

¿Y qué piensas que salió de allí? Salió una nube

blanca. que se fue flotando sobre el mar. Gritaba él

en balde a la nube que se parase. Entonces recordó

con tristeza lo que su mujer le había dicho de que,

después de haber abierto la caja, no habría ya medio

de que volviese al Palacio del dios de la mar.

Pronto ya no pudo Urashima ni gritar, ni correr

hacia la playa en pos de la nube.

De repente, sus cabellos se pusieron blancos

como la nieve, su rostro se cubrió de arrugas, y sus

espaldas se encorvaron como las de un hombre decrépito.

Después le faltó el aliento. Y, al fin, cayó

muerto en la playa..

¡Pobre Urashima! Murió por atolondrado y desobediente.

Si hubiera hecho lo que le mandó la

princesa, hubiese vivido aún más de mil años.

Dime: ¿no te agradaría ir a ver el Palacio del

Dragón, allende los mares, donde el dios vive y reina

como soberano sobre dragones, tortugas y peces,

donde los árboles tienen esmeraldas por hojas y rubíes

por fruta, y donde las escamas son plata y las

colas oro?

VALERA

lunes, 6 de julio de 2009

DONDE NO HAY PUBLICIDAD, RESPLANDECE LA VERDAD

Escrito por: Juanmaromo el 06 Jul 2009 - URL Permanente

Esta semana hemos hecho un descubrimiento que queremos compartir con vosotros.

Si eres mayor de 55 años, puedes pasar seis días en El Hotel Balneario “FontVella” en pensión completa por 400 euros / persona. Un paraíso situado en el parque natural del Montseny. Se trata de un hotel de cuatro estrellas con una cocina de autor, y una decoración de lujo diseñada por el mejor equipo decorador de Europa.

Habitaciones de 40 metros cuadrados dotadas con todas las comodidades, piscina, spa , yacucci sauna wi-fi y un servicio personal y esmerado. Dispone de salones de masajes, fisioterapeutas y tratamientos personalizados de belleza y salud.

Solamente hay 20 plazas disponibles y se pueden adquirir a través de Viajes EL Corte Inglés a este teléfono. 902 30 40 20.

La promoción aún no está en catálogo, por eso aviso a los amigos de “La comunidad” que quiera pasar una semana en un hotel de lujo a un precio de risa.

http://www.balnearifontvella.cat/cat/eltemple.html

viernes, 3 de julio de 2009

MUJER DE TIERRA



Estoy amando a una mujer de tierra

tierra frutal que labro con mi arado,

tierra matriz que acoge mi semilla

y que florece sembrada por mis manos.

.

Estoy a amando a una mujer de barro

barro vital que esculpo con mi boca

senos de miel , caderas de alabastro

vientre de mármol que pulo con mis labios

.

Estoy amando a una mujer de arcilla

que moldeo amoroso con mis brazos

como Dios creó a Adán , recreo a Eva

cada noche temblándome en las manos.

.

Y me ofrece la cálida manzana

madurada en sus muslos torneados

que deboro a sabiendas que su pulpa

es la pócima ardiente del pecado.

Que una vez se deshaga entre mis labios

no podré ya dejar se ser su esclavo.


JUANMAROMO

HUMOR GRÁFICO

MO ES MI PROBLEMA

¿No es mi problema?


JOAN BARRIL

Una carta aparecida esta semana en este periódico nos introducía en el mundo kafkiano de la dejación del servicio público. Según el lector, se presentó en una estación de Renfe y pidió un billete de cercanías. Al llegar a la máquina canceladora que da acceso a los andenes, la máquina no le admitió el billete. Regresó a la señorita de la taquilla y ella le respondió: «Ese no es mi problema».
No es una respuesta extraña. En la organización social del trabajo, los estrategas de métodos, tiempos y otros eufemismos para convertir el trabajo en una ciencia exacta se han dejado llevar por un único concepto: el de la rentabilidad a ultranza de la llamada fuerza de trabajo.
Un amigo me contaba que, a la hora de contratar a su asistenta, esta le dijo que tenía dos tarifas. A saber: «Con pensar o sin pensar». La iniciativa se trata de un valor que promueve la eficiencia de las organizaciones humanas y que hace una selección automática entre los vagos y los creativos.
Porque tras la frase: «No es mi problema» se esconde toda la perversión de un sistema laboral caduco e insolidario. En el trabajo que significa atender al público no se puede mantener una actitud basada en despejar los problemas que no atañen al trabajador. En el fondo del alma laboral esa negativa a considerar el problema de la organización de la que forma parte como un problema ajeno suele ser el resultado de una política salarial diseñada bajo mínimos. En vez de potenciar la sinergia de los empleados, lo que los expertos denominan en feliz neologismo empowerment, es decir, la facultad de una empresa de hacer que sus trabajadores adopten medidas imaginativas y eficaces que les haga sentirse dueños de su propio trabajo sin tener que depender de las decisiones de las grandes cúpulas de dirección.
Para ello la empresa debe demostrar su confianza y asumir algún riesgo y, ¿por qué no?, una valoración salarial superior para los que consideran que un problema que afecta a la empresa es realmente su problema. Lo dicho: «Con pensar o sin pensar».
Cabe preguntarse que nos está pasando para que las llamadas ciencias de la motivación hayan fracasado tan estrepitosamente en España. Los neoliberales lo tienen claro: «Acaben ustedes con el Estado del bienestar, reformen las relaciones laborales y supriman de una vez la lacra del paro subvencionado. Déjenos despedir libremente y ya verán como la gente se espabila». Cada vez que un trabajador dice a un usuario que el problema del usuario no es su problema se está echando más leña al fuego de los enemigos de unas relaciones laborales justas. Lo mismo puede decirse a los defraudadores del sistema de salud, esos jóvenes trabajadores especializados en pedir la baja los lunes mientras los trabajadores veteranos aguantan sus resfriados a pie de tajo.
Tal vez los sindicatos deberían desarrollar una didáctica sobre sus afiliados. Los abusos de unos cuantos al final los acabamos pagando entre todos. Se puede –y se debe– protestar cuando se intuye que los ERE no responden a la crisis, sino a una recapitalización encubierta de la empresa que los promueve. Entonces sí que el problema es nuestro problema. Mientras tanto, hay motivos para reflexionar si un trabajador experto y hábil es necesariamente un buen trabajador. La calidad del trabajo no está en las manos, sino en la mirada. Cuando se menosprecia al usuario o al compañero, algo se quiebra en el alma. Las virtudes son de algunos, pero los problemas son de todos.

jueves, 2 de julio de 2009

"Seguimos profesando la religión del despilfarro"

oaquim Sempere,experto en conflictos socioecológicos
"Seguimos profesando la religión del despilfarro"
VÍCTOR-M. AMELA - 02/07/2009

Tengo 67 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy doctor en filosofía y profesor de sociología, investigador de las necesidades humanas y de su impacto medioambiental. Estoy casado y tengo tres hijos treintañeros. Soy socialista de izquierdas. Soy ateo. Amo caminar por el monte

Acuse.

Seguimos profesando la religión del despilfarro.

Argumente.

Compramos bienes que han sido fabricados para durar pocos años, cuando podrían fabricarse para funcionar durante muchísimos años más.

¿Qué productos?

Coches, electrodomésticos... Los hacen para que fallen a los pocos años, calculan su obsolescencia. Pero nos incitan a quererlos ¡y los queremos sin cuestionarnos nada! Y la industria nos inunda de modas pasajeras, productos nuevos sustitutos de otros...

Los necesitamos.

Las necesidades las determina tu red social: lo que hoy consideramos imprescindible ¡no lo necesitábamos años atrás!

¿Se refiere a mi móvil?

Y ordenador, televisor, microondas, lavaplatos, aspirador... ¡tantos objetos sin los que habíamos vivido siempre!

¿Dónde trazo la frontera entre necesario y superfluo?

Las únicas necesidades básicas universales son comer, beber y dormir, además del afecto y el reconocimiento.

¿Me propone volver a las cavernas?

No, pero sí que seamos conscientes del abusivo consumo energético actual. ¿Es sostenible en el tiempo?

¿Lo es?

Lo sería si aprovechásemos la energía con más eficiencia, y si obtuviésemos energía de otras fuentes. De lo contrario...

¿Qué?

Hoy extraemos el 80% de nuestra energía de los combustibles fósiles - petróleo, carbón, gas-¡a sabiendas de que tienen fecha de caducidad!

¿Cuándo se nos acabarán?

Declinarán irreversiblemente dentro de unos 20 años, según la mayoría de cálculos.

Y luego, ¿qué?

Perderemos nuestro actual confort, a menos que empecemos a actuar ahora mismo.

¿En qué sentido?

Invirtiendo dinero en energías renovables: eólica, solar fotovoltaica, solar térmica...

Y nuclear, señor Sempere.

¡No! Es una herencia ruinosa para nuestros hijos y nietos: cada euro invertido hoy en energía eólica produce lo mismo - y sin residuos ni riesgos, e indefinidamente-que cada euro invertido en energía nuclear.

Pero los molinos eólicos devoran mucho espacio natural, bellos paisajes...

Es su única desventaja, pero si queremos mantener nuestro confort...

¿Y si sigue creciendo la población, qué?

Es un problema. Habrá que generar más energía… o consumir un poquito menos cada uno. Los recursos del planeta están al límite: lo sensato, pues, es ser más austeros.

¿Cómo hacemos eso en la práctica?

¡Hay todavía muchas medidas que adoptar para sacarle más partido a la energía!

Dígame y voy tomando nota.

Fabricar un tipo universal de cargador de móviles. Imponer un mejor aislamiento térmico de nuestras viviendas (¡ahorraremos millones en calefacción!). Fabricar sin obsolescencia. Reciclar metales en la industria metalúrgica. Reutilizar botellas de vidrio. Depurar aguas. Calentar el agua con energía solar. Prohibir la bombilla incandescente, sustituyéndola por la de bajo consumo (da la misma luz consumiendo cinco veces menos)... ¡Preservemos nuestro confort, pero con menos consumo de recursos!

¿Alguna otra idea ahorradora?

Fomentar el transporte público y también un eficaz sistema de alquiler de coches.

¿Algo así como un bicing de coches?

Sí. Haga números: ¡tener un coche en propiedad es un despilfarro! Dos, no le cuento.

¿Desde cuándo nos atrapa la tentación del despilfarro?

Está en la naturaleza humana, pero la agrava el mimetismo social: lo que desde siempre hacían unas minorías dominantes (para distinguirse) ¡acabaron haciéndolo las masas en la segunda mitad del siglo XX!

Y se disparó el consumo de recursos.

En los últimos 200 años, la población mundial se ha multiplicado por siete, ¡y la producción de bienes se ha multiplicado por sesenta! Por eso debemos cambiar la economía cowboy por la economía nave Tierra.

¿Qué dos economías son esas?

La primera consiste en ocupar nuevas tierras a caballo, dejando atrás las que agotaste. La segunda, vivir como los astronautas en vuelo espacial: ¡reciclan incluso la orina, y con poco agua subsisten sin problemas!

Veo muy difícil cambiar de paradigma...

Tiene usted razón: somos cortoplacistas y sólo reaccionaremos a las malas, a la fuerza, ¡cuándo ya no nos quede más remedio!

Y lo que ahora más preocupa, a corto plazo, es el paro.

Que es consecuencia de tantos excesos acumulados por este sistema de crecimiento desmedido, expansivo. Un sistema económico basado en la avidez de ganancias más que en el bienestar de las personas. Y aquí me gustaría decirles algo a los sindicatos...

Dígalo.

Más que el consumo privado, ¡defended el Estado del bienestar! Es nuestra garantía de futuro. O nos quedaremos a la intemperie. Propongo un socialismo de mercado: ¡sin regulación no hay libertad viable!

¿Algo más, para completar su modelo?

Menos consumo y más inversiones en energías renovables. ¿Y por qué un banco tiene que ser negocio? Nacionalicemos la banca.

MUJER DE AGUA


Mujer de agua que escapas de mis manos
goteando en lágrimas de hielo,
nunca fui tuyo ni nunca fuiste mía
aunque surcaras mi cuerpo con tus besos.


Mujer de agua, profunda, verde oscuro
sima mortal de negro remolino
que me envuelve y me absorbe hasta engullirme
sin que pueda vencer tu torbellino.


Mujer vital que inundas mi desierto
y alborotas mi alma con tu espuma
y te vas y te escapas y me dejas
a merced de los vientos y las dunas.

Llueves del cielo, o emerges del averno
a veces hielo, o fuego, o magma ardiente
en ti no vivo y sin ti no sobrevivo,
mujer total, me arrastras y me envuelves
de la cumbre glacial al mar profundo
sin que pueda escapar de tu corriente.

miércoles, 1 de julio de 2009

LA FEALDAD GOLPISTA

La fealdad del golpista

TOÑO VEGA
TOÑO VEGA
JOAN BARRIL

Desde el imperio romano, una de las formas clásicas de usurpar el poder ha sido el golpe de Estado. Más recientemente, y en muy contadas ocasiones, el golpe de Estado se ha visto sustituido por una revolución. Pero las revoluciones han caído en desuso, mientras que los golpes continúan estando en el manual a duras penas secreto de cualquier militar que se precie. Pero el golpe de Estado –como los terremotos– tiene distintas gradaciones. En primer lugar, se trata de sacarse de encima al gobernante indeseable y a su camarilla. Se les puede meter apresuradamente en un avión y mandarlos a otro país, adonde llegarán en el bien entendido de que el avión no estalle en pleno vuelo. El siguiente paso consiste en proceder a su liquidación física y a su sustitución por un Gobierno títere. En el grado intermedio del golpe de Estado se procede a la censura de los medios de comunicación y se decreta un bonito toque de queda. Finalmente, si el golpe no triunfa del todo y se detectan síntomas de resistencia, se actúa a la manera clásica, que no es otra que el encarcelamiento de los resistentes y su lenta y ejemplar desaparición.
En Honduras hoy nos encontramos en los estados iniciales del golpe. Zelaya se encuentra en el extranjero y otro presidente no electo ocupa su lugar. Por las calles patrulla el Ejército armado haciendo gala de ese entrañable gesto golpista consistente en poner la mano sobre el objetivo de todas las cámaras y decir que se disuelvan, porque de lo contrario «no responden de nada». El golpista jamás responde de nada. Suele decir que está ahí para defender la libertad, mientras frente a él los manifestantes ofrecen sus cuerpos y sus vidas a favor de la libertad. La libertad, por lo visto, jamás es un valor en sí mismo, sino en función de quien quiere reclamarla. La libertad que inspira al golpista se nutre de muchas prisiones.
Pero es curioso lo que ha sucedido en Honduras. América Latina es un espléndido campo de entrenamiento de golpistas de toda ralea. Incluso el gran Hugo Chávez, ese que se siente indignado por el golpe del Ejército hondureño, protagonizó en su día alguna que otra asonada militar. Pero una cosa es protagonizar un golpe y otra muy distinta que le monten un golpe a sus amigos. Y en esas aparece la Unión Europea, el Rey de España –¿por qué no te callas?– y hasta Obama para recordar que no hay nada más serio que un presidente constitucional como Zelaya, por más primo que se sienta hoy de los bolivarianos.
Esa es la sorpresa de estos días. El Departamento de Estado norteamericano, ese mismo lugar desde el que el premio Nobel de la Paz Henry Kissinger diseñó la operación Cóndor, que acabó con las libertades de los chilenos, los argentinos, los uruguayos, los paraguayos, los brasileños y los bolivianos, se ha convertido en el máximo garante de la legalidad hondureña. ¿Qué está pasando aquí?, deben de estar pensando los militares que han derrocado a Zelaya. ¿Cómo es que nadie nos quiere? ¿Por qué no se aplica la llamada doctrina Estrada, esa muestra de hipocresía internacional que consideraba que un golpe de Estado no era más que un asunto interno del país en el que se producía?
Pues, ya ven. El mundo, cuando ya queda lejos la amenaza soviética, no está por golpes de Estado. Y no lo está por geoestrategia, sino porque los actuales gobernantes consideran que los golpes de Estado no son de buena educación. Vaya, que no hay nada más feo que aquello de «quieto todo el mundo» y «todos al suelo».

martes, 30 de junio de 2009

QUIERO PARIR UN VERSO



Quiero parir un verso

y las palabras se me caen de las manos.
Las encajo a la fuerza,
a la fuerza las ato
pero saltan al viento
como chispas esquivas.


Quiero parir un verso
pero no soy fecundo,
en mi útero seco
solo flotan fantasmas
que se ahorcan en su propio cordón
y abortan en mi pluma
con su negra sonrisa.


Quiero parir un verso
Pero solo escucho
as sarcásticas risas de las musas
que se niegan a fecundarme
mientras el óvulo estéril de mi poema
se desliza hacia el vacio.


Quiero parir un verso
pero solo soy un poeta enamorado
que sueña con engendrar un soplo de belleza
cuando apenas puedo esculpir
en el mármol espectral de la palabra
un poema enquistado.
condenado a morir en el
ara sagrada de tus labios.

JUANMAROMO

lunes, 29 de junio de 2009

HISTORIAS DE LA VIDA PUTA I





Últimamente se escuchan lamentos de jóvenes quejándose del "trabajo basura", de su dependencia de los padres y de la imposibilidad de acceder a una vivienda digna... ¡como si esto fuera una novedad!.

Los principios siempre han sido duros y como muestra os voy relatar cómo era la vida de un joven medio en los años sesenta.
En mi adolescencia, si no eras un “hijo de papá”, tu vida laboral empezaba a los 14 años, entrabas a trabajar de aprendiz en un taller o de meritorio en una oficina, y te pasabas dos años casi sin cobrar y aguantando cabronadas con la escusa de que estabas aprendiendo un oficio.
En realidad no aprendías nada, y matabas el día limpiando piezas o trayendo cafecitos y archivando facturas, ocho horas de hastío aguantando bromas y putadas, soñando con que sonara la campana.



Si querías estudiar, te buscabas una “jornada intensiva”, de 7 a 15 horas, comías en una fiambrera lo que te había puesto mamá, y a las 4 tenias la primera clase, jornada de estudio hasta las 9 de la noche y si querías disponer de un duro extra para el “finde”, te buscabas una horita de clase a domicilio, con lo cual, llegabas a casa pasadas las 11, cenabas deprisa y corriendo y echabas una ojeada a los libros, máximo una hora, porque a las 6, sonaba el despertador.
Los sábados se trabajaba por la mañana, y por la tarde tenias que ponerte a estudiar si querías aprobar algo en JUNIO. El Domingo, si tenias suerte y había algún guateque a la vista, podías pegarte un calentón bailando agarrao con alguna moza , o en su defecto inflarte de cubatas por la cara. Luego llegabas a casa más quemao que el cenicero de un bingo, cena relámpago, y la pajilla de rigor para desalojar el exceso de testosterona generado en el baile.


Lo poco que cobrarbas, lo entregabas íntegramente a casa, y tus padres te daban unos dinerillos para tus gastos que no te llegaban ni para pagar la entrada de una disco. Dejo aparcado el tema, que seguiré desarrollando en próximos capítulos. La vida siempre ha sido dura, pero lamentarse tumbado en la cama, nunca ha servido para nada.

(Continuará)





HISTORIAS DE LA VIDA PUTA II



Laboralmente no eras nadie hasta que terminabas el servicio militar, lo más normal era trabajar sin ningún tipo de contrato, te apuntaban a la seguridad social, y a los tres meses te daban de baja. Si continuabas estudiando y trabajabas en una oficina, tenías el techo por los suelos, auxiliar administrativo con un sueldo de miseria y nulas posibilidades de promoción, nadie apostaba por un estudiante que en cuanto terminara la carrera levantaría el vuelo.
Si lo tuyo era aprender un oficio, a partir de los 18 años, empezabas a ejercer de “oficial” , te encomendaban trabajillos sencillos y el sueldo te daba para tus gastillos y para ayudar a la familia, normalmente tu sueño era establecerte por tu cuenta y montar tu propio negocio.
Salvo que tocaras en algún grupo o fueras Dj, tu vida sexual era bastante jodida. Guateque o discoteca el fin de semana, con el calentón correspondiente, si tenias una novieta, las cosas mejoraban ligeramente, magreos en el sofá de una disco, besos de tornillo en un rincón apartado o una tarde “en la fila de los mancos” de un cine de barrio y era a lo máximo que podías aspirar si no tenias coche. Luego tu madre tenia que lavar las sabanas cada dia.
Pero de eso hablaremos en otro momento.



HISTORIAS DE LA VIDA PUTA III


Pasaban los años, y llegaba la hora de cumplir el servicio militar, 18 meses secuestrado casi sin permisos y desde luego sin un duro.
Perdías el trabajo y dejabas los estudios en el dique seco a no ser que quisieras estar tres veranos haciendo “la milicias universitarias”. Borracheras, amigos para siempre que desaparecían para siempre en cuanto salías licenciado de la jaula.


Continuabas trabajando y estudiando, si tenías novia formal gastabas menos que Tarzán en zapatillas, todo el dinero era para ahorrarlo e intentar buscar un piso financiado por “la Caixa” o una vivienda de protección oficial, aunque lo más normal era recurrir al alquiler. La familia y los amigos te iban pasando muebles viejos, con lo cual poco a poco montabas tu nido.

Por aquel entonces, las mujeres se incorporaban masivamente al mercado de trabajo. Una vez terminados los estudios, con un trabajo explotador y a base de prescindir de lo imprescindible podías comprar un coche de segunda mano, una boda sencillita y a veces un piso compartido con otra pareja para poder repartir los gastos, incluso en casa de los padres si había sitio.

Las vacaciones, quince días escasos, al pueblo. Nada de hoteles, viajes o cruceros. Al restaurante solo íbamos en fiestas sonadas, lo típico era hacer pic-nic en los parques o salir a comer al campo o a la playa.
Con todo ello, y a base de trabajar tres y cuatro horas extras diarias a precio de saldo sábados incluidos, reunías un dinerillo y los más osados, se embarcaban en una hipoteca al 14% de interés que te cubría escasamente el 70% del valor de tasación del piso, y desde luego previo aval de los padres.

Luego había que pintarlo, hacer la cocina, el baño, porque los pisos de entonces te los daban semi acabados y como no te quedaba dinero para pintores ni carpinteros, lo más normal era recurrir a amigos y familiares para poder adecentar el nido y poder empezar una nueva vida. Desde luego nada de parking, el coche en la calle y con una barra antirrobo en el volante.

Despues vendrían los hijos. pero eso sí que ya lo dejo para otra saga y para otro momento. Eran tiempos duros, sin lujos, pero con una enorme ilusión y espíritu de lucha, había optimismo y fe en el mañana , porque cuando se parte de cero, cualquier logro es una conquista y con veintipocos años todo nos parecia al alcance de la mano.



HISTORIAS DE LA VIDA PUTA IV

Y luego llegaron los hijos, hijos queridos, hijos deseados. Éramos muy jóvenes, jugábamos con ellos, disfrutábamos se sus risas y de sus gracias, pero había que trabajar. El permiso de maternidad apenas existía, a las pocas semana había que dejar al bebe. Si tenias suerte con la abuela y si no, en una guardería.

Trabajando ambos era casi imposible encontrar una municipal, y las privadas te costaban la mitad del sueldo, para colmo, la crisis del petróleo en 1.974, elevó la inflación hasta un 18% y el paro se extendió como una epidemia. Yo no estaba asegurado, cada vez que había que llevar a la niña a urgencias por algún aumento desmesurado de fiebre, temía que me la rechazaran por no estar al corriente del pago. Entonces seguía trabajando los Sábados hasta el medio día, me levantaba a las 6 A.M. y no regresaba hasta pasadas las 8 de la noche, eso si, siempre procuramos a costa de lo que fuera, reunirnos para comer juntos, aunque tuviéramos que caminar 5 km .

Trabajábamos lejos de casa y comíamos en el SEU, en bares de comidas o restaurantes , si queríamos comer medianamente bien gastábamos otra buena parte del sueldo, los pañales de la niña eran carísimos, la ropa y el calzado aumentaba de precio día a día, pero nada importaba, éramos jóvenes, había amor , compromiso , y teníamos toda la vida por delante.

Un Piso de alquiler pequeño pero luminoso, fue nuestro nido. A base de no fumar, y de prescindir de otros lujos, fuimos formando una biblioteca y una discoteca para educar a nuestros hijos en las artes y en la cultura. En casa siempre sonaba la música, bien sinfónica, folk o rock, sus notas se mezclaban con nuestras risas y juegos. Era una casa pequeña, pero era nuestro hogar y la muralla que nos protegía del miedo a la crisis, al paro y a no llegar a fin de mes. La niña fue creciendo en años y en belleza, y un día, Gloria me tomó de las manos y mirándome a los ojos me dijo - ¡Creo que estoy embarazada! …







viernes, 26 de junio de 2009

PAREJAS DE DESHECHO

Cada vez es mayor el número de familias que se rompen a los pocos años de formarse, ya no hablo de matrimonios, porque últimamente el número de parejas de hecho se ha disparado. En estos días he conocido varios casos, eran “crónicas de una muerte anunciada”, relaciones maritales basadas en la provisionalidad y en el convencimiento tácito de que no sería nada definitivo, el problema es que tienen hijos.
Nunca me ha gustado juzgar a nadie, pero no entiendo como estas mujeres acceden a la maternidad sabiendo (porque lo saben) que esa relación no tiene cimientos y que al más mínimo embate se vendrá abajo. Las víctimas, los de siempre, los niños, siempre de aquí para allá, sin un núcleo familiar estable, utilizados como armas arrojadizas u objetos de chantaje.
Estos niños, victimas del stress materno y carentes de la figura paterna, son candidatos al fracaso escolar y laboral, y presas fáciles para los halcones de la droga y la delincuencia.
La atracción sexual, ha sido desde el principio de los tiempos, el arma con que la naturaleza se ha asegurado la perpetuación de la especie. Como el macho no accedía fácilmente a los favores sexuales de la hembra, procuraba formar una estructura familiar estable con el fin de asegurarse una sexualidad satisfactoria y segura aún a costa de su libertad. Durante este tiempo, los lazos afectivos consolidaban una relación que aseguraba la formación de los hijos. Pero ahora, las mujeres se han hecho tan accesibles que los hombres no tienen necesidad de compromiso para satisfacer sus deseos, pudiendo recurrir fácilmente a contactos esporádicos o en el mejor de los casos a parejas basadas en la provisionalidad. La familia es el núcleo de la sociedad, el nido donde se forma la personalidad y se aprenden los valores , cuando la familia se desmiembra, los hijos son las primeras víctimas, pero las mujeres tienen que cargar con la educación el cuidado y muchas veces la manutención de la prole.
La promiscuidad siempre va en contra de la mujer, y eso es algo que parecen haber olvidado nuestras jóvenes, más preocupadas por una libertad sexual mal entendida que por asegurar su estabilidad emocional y la de sus hijos. Abortos, separaciones e hijos maltratadores es el precio que les toca pagar. El macho se irá con la música a otra parte y si te he visto no me acuerdo, pero ellas tendrán que cargar con el bombo algo más de nueve meses, durante toda la vida.

CONTRIBUYENTES

Contribuyentes

JOAN BARRIL

Mientras los jóvenes buscan explicaciones y posibilidades para adaptar sus notas de selectividad, algunos de sus padres rezagados están ultimando la declaración de la renta, cuyo plazo acaba este final de mes. Teorema del contribuyente: aquellos que intuyen que van a pagar poco o que incluso van a ver como el Estado les devuelve dinero son los primeros en presentar esos curiosos sobres llenos de comprobantes. Por el contrario: aquellos que temen el mordisco con el que Hacienda se va a quedar con parte de sus ingresos son los que se acercan en estos últimos días a la entidad bancaria con cara de Diógenes durmiendo dentro de su barril.
Existe una poética de la declaración de la renta. Por ejemplo: ¿qué va a ser de esos sobres enormes en los que se conservan las huellas de nuestro paso por el año? Me imagino a miles de funcionarios de la Agencia Tributaria desparramando sobre enormes mesas recibos, facturas y resguardos y analizando si nuestra capacidad de gasto se corresponde con lo que ahí se muestra. Creíamos que solo la gente importante se atrevía a contratar los servicios de un plumilla para que pergeñara sus memorias o su biografía autorizada. Pero ahora sabemos que eso no es cierto y que el principio de equidad que debe marcar a los gobiernos empieza por ese cariño con el que el Ministerio de Hacienda proporciona a cada ciudadano un biógrafo. ¿Cómo si no se puede calificar a ese personaje que sabe el coche que tenemos, los gastos de la tarjeta de crédito, nuestros vicios de pago y nuestra incapacidad de ahorrar? ¿A quién, si no a la Agencia Tributaria, le confiaríamos lo que gastamos en vacaciones, nuestros implantes dentales, los estudios de nuestros hijos o los secretos que se dejan a la puerta de nuestro hogar conyugal?
Solo la Agencia Tributaria puede desmentir que aquel fin de semana en el que se le dijo a la pareja algo de una convención de ventas en Vigo, el contribuyente infiel firmó una mariscada colosal en el puerto de Ciutadella y luego pagó una bonita suite para dos en un hotel con encanto. Y ahí están los papeles como prueba de un cargo deducible de la famosa cuota líquida.
Pero tal vez esa gran nave en la que miles de escrutadores comprueban papel por papel la certeza de nuestra declaración es una pesadilla inexistente. Ese sobre que entregamos al banco no se lo lee nadie. En realidad es solo un objeto para ayudarnos a mantener el orden contable, una prenda que se da al Estado como un acto ritual de sumisión. En eso hemos mejorado, porque en las culturas primitivas al Estado se le apaciguaba entregándole una joven virgen. Pero ahora ya todo está informatizado y el sistema muestra una mayor credibilidad que el recuento manual de las cifras. Imagino un gran hangar donde los sobres de los declarantes se amontonan sin orden ni concierto y un par de máquinas excavadoras van cargando sus palas y lanzan las declaraciones en una enorme pira de la que sale el humo de los sueños. Los vecinos cercanos saben lo que allí sucede, pero mantienen una respetuosa discreción y no hablan de esa hoguera con nadie. Al fin y al cabo, las cenizas de lo que gastamos y lo que cobramos en el 2008 siempre serán tierra sagrada. Porque aquel fue el último año de una abundancia aparente y de ahora en adelante los sobres habrán adelgazado tanto como las esperanzas. En esos días, el dinero privado se convierte en público. Que llegue a buen fin ya es cosa de la política. Que se mantenga la confianza en el sistema ya es cosa de los políticos.