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jueves, 7 de julio de 2011

LO MUCHO QUE TE QUIERO


Es curioso que a pesar de lo mucho que te deseo, nunca imagino tu hermoso cuerpo desnudo, ni esas piernas entre las que pierdo el sentido, ni esos pechos de los que mana la vida. Cuando pienso en ti, aparecen tus ojos, esos ojos bellísimos que trasportan al séptimo cielo, esa mirada que me acaricia, esa voz que me dice ¡Te quiero!.

Cuando pienso en ti, me imagino acariciándote el alma con la yema de mis dedos, escucho el trino de tus labios cantando al amor que te inunda. Te quiero con la pureza del agua del deshielo, con la fuerza de un torrente de lava, con la dulzura de un niño mamando en tu pecho. Te quiero tanto que pierdo el rumbo de mis palabras, que dejo al pairo mi nave en el mar infinito de tu alma, que cuando miro un espejo, aparece tu rostro diciéndome ¡Te amo!. Sé que me estoy volviendo loco, pero es la locura de lo elegidos, la locura que buscaban místicos y ascetas. Te quiero tanto, que si un día te perdiera, me volvería cuerdo.

Juanmaromo











jueves, 2 de junio de 2011

AGUAS CRISTALINAS



A veces el amor nos asalta como una catarata, una riada que nos arrastra cauce abajo golpeando el corazón contra las piedras y arañando el alma con las zarzas de la rivera. No debemos dejarnos llevar por la corriente, busquemos un remanso donde las aguas se decanten, y veamos a través del cristal de su trasparencia. Poco a poco se irá depositando  aquello que en la vorágine de la cascada nos pasaba inadvertido, una capa de arena gruesa con algunos cantos rodados, es la pasión que erosiona cuanto alcanza, pero que es la primera en separarse del todo.
Seguidamente veremos la arenisca, ese desasosiego que nos produce la ausencia del ser amado, una especie de síndrome de abstinencia que hace del amor algo agridulce, por suerte, también acaba desprendiéndose. Por último queda un manto de lodo y fango,  es la desconfianza y los celos que enturbian su pureza. Si nos acercamos, un aroma a menta y hierbabuena nos envuelve, es la ternura, algo que no se ve, pero que todo lo perfuma con su aliento. La transparencia es la sinceridad, gracias a ella, podemos mirar a su través y ver como el agua no se estanca, si no que fluye delicadamente conservando sus brillos cristalinos.
No dejemos que las aguas dormiten porque en ella anidarán sapos y culebras, pero tampoco  que nadie remueva su fondo, porque quizá ya nunca recupere su magia
El amor riega nuestras almas y hace que en ellas fructifique la bondad y la belleza, sin él, acaba secándose y cuarteándose hasta quedar yerma y estéril como una tierra baldía.