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miércoles, 1 de diciembre de 2010

LA FACTORIA

La vieja granja de Napoleón, ha sido vendida a una multinacional. Los administradores, ya no son los propietarios, son profesionales contratados para obtener la máxima rentabilidad por cada animal y por cada palmo de tierra. Sus retribuciones varían en función de los beneficios y nada les une a la factoría.
Los verdaderos propietarios son accionista anónimos que jamás han puesto un pie en los establos y que lo único que les preocupa es obtener los máximos dividendos de sus acciones, para ellos presionan a los administradores, y estos a su vez endurecen las condiciones de vida de los animales.
Ya no pastan por las praderas, ahora están estabulados en grandes naves donde apenas pueden moverse, se les alimenta con platos precocinados y comida rápida, y cada día se les ordeña con máquinas mas sofisticadas que extraen hasta la última gota de leche, o se les inyecta medicación para que engorden más rápidamente.
Antiguamente, los habitantes de la granja, cuando ya no podían trabajar, eran cuidados por los amos y por los otros compañeros, hasta que les llegaba la hora, pero tras la llegada de los nuevos propietarios, en cuanto no son aptos para trabajar, se les retira el pienso hasta que mueren de inanición, o son enviados a los mataderos donde se les acaba de extraer lo poco que les queda de aprovechable.
Todo está científicamente controlado, la música, las horas de luz, la imágenes y las consignas que muestras los monitores, todo son mensaje subliminales para que la población siga creyendo que está en el mejor de los mundos y que esta forma de vida es la única posible.
Ya desde cachorros son adoctrinados frente a pantallas  de gran tamaño, para anularles la capacidad de pensar y el espíritu crítico, y para incentivar su productividad se les ofrecen regalos virtuales totalmente innecesarios pero que les producen adicción.
Han cambiado mucho las cosas desde que la granja era dirigida por sus propietarios, pero si algo nos demuestra la historia es que  “Quien nace en el gallinero, mande quien mande en la granja, acaba en el matadero”.
JUANMAROMO