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viernes, 15 de diciembre de 2023

VOLVEMOS A LOS 50

 


Cuando era un niño, en plena inmigración de la población agricola a las grandes ciudades, lo más normal era realquilar habitaciones, una familia, alquilaba una o dos dormitorios "con derecho a cocina y servicios" a los recien llegados que se hacinaban en una sola estancia durmiendo todos en una o dos camas.
Se realquilaban bajos y sotanos, antiguos almacenes avandonados sin ningun tipo de adapatación ni permisos, otros levantaban en la afueras en plena noche para poder cubrir techo las llamadas "barracas" habitaculos de adobe y uralita sin agua ni electricidad donde se hacinaban familias y cultivaban su pequeño huerto.
Ante la avalancha imparable de la ola inmigratoria, el estado y los ayuntamientos no tuvieron mas remedio que construir decenas de miles de viviendas de "protección oficial" levantando los nuevos barrios, edificios de gran altura en terrenos del extraradio donde poder acoger a los miles de inmigrantes sin recursos. Los extraradios de las grandes urbes se convirtieron ciudades dormitorio, ciudades satélites donde no habia servicios ni comercios pero que con los años alcanzaron unos mínimos de calidad urbanística.
No quiero regresar al pasado, pero potenciar la vivienda de protección oficial y los alquileres subencionados quizas sea la única solución para frenar la especulación inmobilaria que está condenando a la miseria a miles de familias. Si no ponemos solución a este problema puede llegar un dia en que nos estalle en las narices; se puede vivir sin lujos, sin coche y sin vacaciones, pero no se puede vivir sin un hogar seguro y estable donde criar a nuestros hijos, pero me temo que la especulación inmobiliaria es más poderosa que la justicia social. La constitución dice que todo ciudadano tiene drecho a una vivienda digna, pero lo que no dice es que "tan solo si puede costearla"

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